Cling, cling,
cling…abro un ojo el otro sigue cerrado, saco la mano de debajo del edredón cojo el móvil, miro la pantalla que me
anuncia que son las siete y veinte: opción posponer o descartar, elijo
posponer, me vuelvo a tapar con el edredón y disfruto de unos minutos de pereza, al cabo de unos instantes
el cuerpo empieza a reaccionar , disfruto del silencio que reina en mi casa, saco
de nuevo la mano de debajo del edredón, miro la hora las siete y veinticinco, ahora sí, empieza ritual.
Me destapo me
pongo las zapatillas que están esperándome al lado de mi cama, abro la persiana
de mi habitación y miro el cielo sigue siendo azul, me dirijo al lavabo,(…), me
lavo la cara y me pongo crema hidratante veo mi imagen en el espejo, no me miro,
no me gusta lo que veo, me duele, me entristece y no hay tiempo para
lamentaciones, ya vendrán tiempos mejores ya volveré a gustarme.
Salgo del
baño, voy a la cocina, cojo el pan de molde de la nevera y lo pongo en la
tostadora, enciendo la cafetera, espero que el botón verde deje de parpadear, voy
a la habitación me visto con la ropa que dejé preparada por la noche, vuelvo a
la cocina y cojo el biberón le pongo agua y lo caliento en el microondas, salen
las tostadas les pongo aceite y sal, el botón verde deja de parpadear busco la
capsula de color granate, la coloco en la cafetera le doy el botón verde y sale
el café, su olor inunda la cocina, me gusta poder volver a disfrutar de ese
aroma, apago la cafetera, añado leche de avena y azúcar moreno coloco la taza en el microondas, espero un
minuto y saco el café con leche me siento en el banco que compramos hace poco
en Ikea para acompañar a la mesa de la cocina.
Empiezo mi
desayuno, no pienso, mi mente está en blanco en modo off, doy pequeños
mordiscos a las tostadas mientras las saboreo lentamente y disfruto del café
dándole pequeños sorbos, disfruto de estos instantes de quietud, oigo como el
Yosu se despierta y sale de debajo de nuestra cama, veo como asoma la cabeza
mientras estira su cuerpo entumecido por las horas de sueño, viene hacia mí se
pone a mi lado y me coloca su cabeza encima de la pierna, me da los buenos
días, es listo sabe que el ultimo mordisco de mi tostada es para él, se lo doy,
miro la hora siete y cuarenta me levanto, cojo la taza y el plato del desayuno les
paso un agua y los coloco en el lavavajillas, cojo el vaso de la Kitty lo lleno
de leche y lo pongo en el microondas, pongo la caja de galletas encima de la
mesa. Mientras se calienta la leche de Lucietis voy haciendo la papilla de Pauletis,
suena el microondas que me avisa que la leche ya está templada, le pondo dos
cucharaditas de nesquik, coloco el vaso en la mesa de mármol de la cocina junto
la caja de galletas y por último la caña del pájaro loco miro la hora siete y cuarenta
y cinco hora de despertar a las princesas.
”Lucia!!!….ya es de día” la dejo que empiece a reaccionar mientras voy
a despertar a Pauletis que a día de hoy todavía no ha desarrollado ningún tipo
de malhumor matinal, voy a su habitación abro la persiana y entra el día que
ilumina su cuna, empieza a moverse, se estira, se frota los ojillos y me regala
una sonrisa, ¡es tan gratificante despertar a mi pequeña cada mañana!, la cojo
en brazos apoya su cabecita en mi hombro mientras yo le doy un millón de besos
“mañaneros” y me hace feliz, la llevo a su trona de la cocina mientras se sigue
rascando los ojitos con sus manitas, me encanta esa imagen, me recreo mirándola
es ternura en estado puro, la siento al tiempo que le pongo a su disposición
toda una serie de artilugios, cucharas de plástico, tenedores de madera,
muñequitos… y ella empieza a jugar con ellos, le voy dando la papilla.
Vuelvo a
llamar ¡Lucíaaaa! oigo como empieza a
quejarse, ella ya ha empezado a desarrollar ese malhumor matinal, sigo dándole
la papilla a Pauletis, espero unos segundos, me levanto voy a la habitación de
Lucietis, “venga Lucía que ya está el desayuno” levanta los brazos hacia mi aunque sigue con
los ojos cerrados, la cojo en brazos (cada vez más doloridos, no quiero dejar
de coger en brazos a mis princesas, eso me pondría triste), la beso y la llevo
hasta el banco de la cocina la siento, ella se deja hacer, abre los ojos, mira
a Pauletis y las dos se sonríen, se dan los buenos días, Lucietis empieza a desperezarse,
mete la cañita en el vaso y empieza a sorber, al rato se dirige dando tumbos
hacia el baño y hace pis, vuelve a la cocina, Pauletis termina su papilla, señala la caja de galletas quiere un premio le
acerco una, la coge y me sonríe le sonrío, salgo de la cocina y las dejo a
solas unos instantes, voy al baño me lavo los dientes, oigo como Lucietis sorbe
la leche, escucho esos ruiditos que me encantan.
Las ocho y
diez vuelvo a la cocina cojo a Pauletis
en mis brazos, voy a buscar un pañal, toallitas húmedas y la ropa que dejé preparada ayer
por la noche en su habitación, la dejo encima de mi cama, le cambio el pañal,
nos miramos, nos reímos, le hago cosquillas, se troncha, jugamos mientras la
visto, le limpio la carita le pongo sus zapatitos y un poco de colonia, la
peino y la dejo en el suelo del comedor rodeada de juguetes, muñequitos,
cucharas de madera, tupers vacios, voy a la cocina, insisto “Lucia la leche” empezamos las negociaciones, “toda no”, “toda
sí”, “hasta la nube”, “hasta la flor” llegamos a un acuerdo.
Voy a la
habitación de Lucietis, cojo el chándal del colegio lo llevo a mi cama, ella me
avisa que ya ha terminado, quiere que vaya a mirar el vaso, lo hago la felicito, le gusta que la premie, a mi me
gusta premiarla, viene, se estira en la cama, se quita el pijama, se viste, mientras
lo hace quiere que está con ella en la habitación, conversamos, voy al comedor
le echo un ojo a Pauletis, gatea entre sus cosas, me ve, viene hacia mí,
Lucietis ya está vestida y calzada le doy el cepillo y su pasta de dientes,
mientras se lava los dientes y la cara yo le preparo el bocadillo del almuerzo
y lo pongo en su mochila, me avisa cuando
termina, va a su joyero repleto de gomas, diademas, clips… escoge el peinado
del día, me viene a buscar con la colonia y el cepillo, ella los sujeta, me da
la colonia, le pongo colonia, me da el cepillo, la peino, ahora la goma del
pelo y un moñete aquí, otro moñete allá y los cuatro clips, dos en cada lado,
miro la hora las ocho y media, voy a mi habitación abro la caja donde guardo
mis pañuelos, busco entre mis
preferidos, tengo un montón pero casi siempre llevo los mismos me pongo delante
del espejo de mi habitación, me lo pongo en la cabeza y lo ato, lista, busco a
Pauletis, está jugando en el baño con la báscula, la cojo le pongo la chaqueta
que está encima del carro y la coloco en él, se queja, intenta llorar, no le
sale, no sabe, le pongo el chupete, se conforma, pongo las mochilas en el carro
y el Yosu a la terraza, Lucietis se pone su chaqueta “Mira mama” le gusta que
mire como se ata ella sola la cremallera, la miro me encanta mirarla, salimos
de casa, voy hacia el ascensor, lo llamo, ella cierra la puerta de casa me
acerco y la cierro con llave, llega el ascensor subimos pico la letra B y bajamos,
salimos del ascensor, Lucietis me abre la puerta de la calle y la aguanta, le
gusta hacerlo.
Las ocho y
cuarenta Lucietis me da la mano, con la otra llevo el carrito, primera parada
el colegio de Lucietis por el camino recogemos a su amiga la pequeña Laia, a
veces se hablan, otras se ignoran, otras se chinchan… y en función del día
vamos haciendo el camino, llegamos al destino, aparco el carrito, le doy la
mochila y un beso, entra a clase, vuelvo al carrito próxima parada la guardería
de Pauletis, cuando llegamos empieza a mover las piernas, está contenta,
entramos la cojo en brazos y la llevo a su clase, ríe, le quito la chaqueta,
mini conversación con sus profes sobre el tiempo, como va mi tratamiento,
anécdotas de Pauletis y Lucietis, opciones varias vamos, me despido de Pauletis
la beso ella ya está jugando con uno de los juguetes, me voy cierro la puerta con
cuidado, voy a la entrada doblo el carro (las normas son las normas) y salgo a
la calle. Las nueve y cuarto me voy hacia casa, miro el móvil, envío algún whasapp
de buenos días a mis incondicionales y disfruto del paseo de vuelta a casa, ya
no importa la hora, no tengo prisa.
Llego a casa,
Yosu me espera inmóvil en la terraza, dejo el bolso, abro las ventanas de las
habitaciones, cojo una bolsa de plástico la meto en el bolsillo de la chaqueta,
las llaves en la otra y abro la puerta de la terraza. Yosu empieza a saltar,
cojo su correa y vamos hacia la calle, por las escaleras nos discutimos, nunca me ha gustado que me estire ahora menos porque
me duelen mucho los brazos cuando lo hace, le
riño y deja de estirar, a los pocos metros vuelve a hacerlo, salimos a la calle y vamos al parque de
siempre, estamos solos, lo suelto y empieza a correr como un loco, huele la
hierba , salta, muerde ramas, me trae una, se la tiro y me la vuelve a traer,
jugamos un rato.
Me siento en
un banco mientras miro como disfruta de su rato de libertad, me desconecto y
empiezo a imaginar, me imagino que sentiré el día de mi última sesión de
quimioterapia, el día que me reincorpore a mi puesto de trabajo, el día que
vuelva a ir a la peluquería a cortarme las puntas, el día que celebre con mi
gente que todo ha terminado, el día que por fin me despierte por la mañana y
todo haya vuelto a su sitio, empiezo a emocionarme, stop, me levanto y llamo al
Yosu.
Hora de
volver iniciamos el camino de vuelta y lo veo, mi amigo del parque se acerca,
nos saludamos con una sonrisa hacía días que no coincidíamos. Es un señor mayor
de sonrisa cálida y mirada entrañable, hemos coincidido varias veces y hemos
cruzado algunas frases cordiales, lo recuerdo siempre sonriendo, llama al Yosu,
se acerca con su bastón y lo acaricia, me doy cuenta que va solo, no lo
acompaña su pequeño amigo peludo de color
marrón, recuerdo la imagen de los dos caminando juntos el uno al lado del otro
y siguiendo los dos el mismo ritmo en sus andares, me explica que ayer se
murió, está triste su mirada se humedece, no sé qué decirle, me quedo callada
le digo que lo siento, no quiero caer en la trampa de decir alguna de esas
absurdeces que decimos cuando la situación lo que requiere es quedarse en
silencio.
Recuerdo a
todas esas personas que cuando les decía que tenía cáncer me listaban a todas esas amigas, vecinas, tías, madres,
novias, suegras, conocidas, cajeras de la frutería, dependientas de la
zapatería etc que habían pasado por lo mismo y que ahora estaban “fenomenal” y
que sinceramente a mí en esos momentos me importaban tres leches, por eso
prefiero quedarme callada, mira por donde después de todo una cosa más que he
aprendido.
Mi amigo emprende
su marcha mientras me repite “el mío ayer se murió y ahora tengo que pasear
solo” veo como se aleja triste apoyado en su bastón para seguir con su paseo
diario, ese paseo que hasta hace un par de días hacía acompañado pero hoy lo hará solo
y seguramente mañana también. Esa imagen me produce una inmensa tristeza pero no
puedo evitar pensar que este abuelillo me da muy buen rollo, quiero en mi vida
personas que me den buen rollo.
Vuelvo a casa
y por el camino decido que voy a hablar con el responsable de operaciones que
me ha diseñado las mañanas para incorporar pequeña conversación matinal con mi
amigo del parque, va a convertirse en otro de mis incondicionales, quiero que
esté en mi año 2012.
Hoy os dejo una canción del grandioso Kiko Veneno para que recordemos que lo que hoy echamos de más mañana podemos echarlo de menos, vale la pena recordarlo.






