miércoles, 25 de abril de 2012

EL ENCANTO DE LA RUTINA


Cling, cling, cling…abro un ojo el otro sigue cerrado, saco la mano de debajo del  edredón cojo el móvil, miro la pantalla que me anuncia que son las siete y veinte: opción posponer o descartar, elijo posponer, me vuelvo a tapar con el edredón y disfruto de unos  minutos de pereza, al cabo de unos instantes el cuerpo empieza a reaccionar , disfruto del silencio que reina en mi casa, saco de nuevo la mano de debajo del edredón, miro la hora las siete y veinticinco,  ahora sí, empieza  ritual.

Me destapo me pongo las zapatillas que están esperándome al lado de mi cama, abro la persiana de mi habitación y miro el cielo sigue siendo azul, me dirijo al lavabo,(…), me lavo la cara y me pongo crema hidratante veo mi imagen en el espejo, no me miro, no me gusta lo que veo, me duele, me entristece y no hay tiempo para lamentaciones, ya vendrán tiempos mejores ya volveré a gustarme.

Salgo del baño, voy a la cocina, cojo el pan de molde de la nevera y lo pongo en la tostadora, enciendo la cafetera, espero que el botón verde deje de parpadear, voy a la habitación me visto con la ropa que dejé preparada por la noche, vuelvo a la cocina y cojo el biberón le pongo agua y lo caliento en el microondas, salen las tostadas les pongo aceite y sal, el botón verde deja de parpadear busco la capsula de color granate, la coloco en la cafetera le doy el botón verde y sale el café, su olor inunda la cocina, me gusta poder volver a disfrutar de ese aroma, apago la cafetera, añado leche de avena y azúcar moreno  coloco la taza en el microondas, espero un minuto y saco el café con leche me siento en el banco que compramos hace poco en Ikea para acompañar a la mesa de la cocina.

Empiezo mi desayuno, no pienso, mi mente está en blanco en modo off, doy pequeños mordiscos a las tostadas mientras las saboreo lentamente y disfruto del café dándole pequeños sorbos, disfruto de estos instantes de quietud, oigo como el Yosu se despierta y sale de debajo de nuestra cama, veo como asoma la cabeza mientras estira su cuerpo entumecido por las horas de sueño, viene hacia mí se pone a mi lado y me coloca su cabeza encima de la pierna, me da los buenos días, es listo sabe que el ultimo mordisco de mi tostada es para él, se lo doy, miro la hora siete y cuarenta me levanto, cojo la taza y el plato del desayuno les paso un agua y los coloco en el lavavajillas, cojo el vaso de la Kitty lo lleno de leche y lo pongo en el microondas, pongo la caja de galletas encima de la mesa. Mientras se calienta la leche de Lucietis voy haciendo la papilla de Pauletis, suena el microondas que me avisa que la leche ya está templada, le pondo dos cucharaditas de nesquik, coloco el vaso en la mesa de mármol de la cocina junto la caja de galletas y por último la caña del pájaro loco miro la hora siete y cuarenta y cinco hora de despertar a las princesas.

 ”Lucia!!!….ya es de día”  la dejo que empiece a reaccionar mientras voy a despertar a Pauletis que a día de hoy todavía no ha desarrollado ningún tipo de malhumor matinal, voy a su habitación abro la persiana y entra el día que ilumina su cuna, empieza a moverse, se estira, se frota los ojillos y me regala una sonrisa, ¡es tan gratificante despertar a mi pequeña cada mañana!, la cojo en brazos apoya su cabecita en mi hombro mientras yo le doy un millón de besos “mañaneros” y me hace feliz, la llevo a su trona de la cocina mientras se sigue rascando los ojitos con sus manitas, me encanta esa imagen, me recreo mirándola es ternura en estado puro, la siento al tiempo que le pongo a su disposición toda una serie de artilugios, cucharas de plástico, tenedores de madera, muñequitos… y ella empieza a jugar con ellos, le voy dando la papilla.

Vuelvo a llamar  ¡Lucíaaaa! oigo como empieza a quejarse, ella ya ha empezado a desarrollar ese malhumor matinal, sigo dándole la papilla a Pauletis, espero unos segundos, me levanto voy a la habitación de Lucietis, “venga Lucía que ya está el desayuno”  levanta los brazos hacia mi aunque sigue con los ojos cerrados, la cojo en brazos (cada vez más doloridos, no quiero dejar de coger en brazos a mis princesas, eso me pondría triste), la beso y la llevo hasta el banco de la cocina la siento, ella se deja hacer, abre los ojos, mira a Pauletis y las dos se sonríen, se dan los buenos días, Lucietis empieza a desperezarse, mete la cañita en el vaso y empieza a sorber, al rato se dirige dando tumbos hacia el baño y hace pis, vuelve a la cocina, Pauletis  termina su papilla,  señala la caja de galletas quiere un premio le acerco una, la coge y me sonríe le sonrío, salgo de la cocina y las dejo a solas unos instantes, voy al baño me lavo los dientes, oigo como Lucietis sorbe la leche, escucho esos ruiditos que me encantan.

Las ocho y diez vuelvo a la cocina  cojo a Pauletis en mis brazos, voy a buscar un pañal, toallitas húmedas y la ropa que dejé preparada ayer por la noche en su habitación, la dejo encima de mi cama, le cambio el pañal, nos miramos, nos reímos, le hago cosquillas, se troncha, jugamos mientras la visto, le limpio la carita le pongo sus zapatitos y un poco de colonia, la peino y la dejo en el suelo del comedor rodeada de juguetes, muñequitos, cucharas de madera, tupers vacios, voy a la cocina, insisto “Lucia la leche”  empezamos las negociaciones, “toda no”, “toda sí”, “hasta la nube”, “hasta la flor” llegamos a un acuerdo.

Voy a la habitación de Lucietis, cojo el chándal del colegio lo llevo a mi cama, ella me avisa que ya ha terminado, quiere que vaya a mirar el vaso, lo hago  la felicito, le gusta que la premie, a mi me gusta premiarla, viene, se estira en la cama, se quita el pijama, se viste, mientras lo hace quiere que está con ella en la habitación, conversamos, voy al comedor le echo un ojo a Pauletis, gatea entre sus cosas, me ve, viene hacia mí, Lucietis ya está vestida y calzada le doy el cepillo y su pasta de dientes, mientras se lava los dientes y la cara yo le preparo el bocadillo del almuerzo y lo pongo en su mochila,  me avisa cuando termina, va a su joyero repleto de gomas, diademas, clips… escoge el peinado del día, me viene a buscar con la colonia y el cepillo, ella los sujeta, me da la colonia, le pongo colonia, me da el cepillo, la peino, ahora la goma del pelo y un moñete aquí, otro moñete allá y los cuatro clips, dos en cada lado, miro la hora las ocho y media, voy a mi habitación abro la caja donde guardo mis pañuelos,  busco entre mis preferidos, tengo un montón pero casi siempre llevo los mismos me pongo delante del espejo de mi habitación, me lo pongo en la cabeza y lo ato, lista, busco a Pauletis, está jugando en el baño con la báscula, la cojo le pongo la chaqueta que está encima del carro y la coloco en él, se queja, intenta llorar, no le sale, no sabe, le pongo el chupete, se conforma, pongo las mochilas en el carro y el Yosu a la terraza, Lucietis se pone su chaqueta “Mira mama” le gusta que mire como se ata ella sola la cremallera, la miro me encanta mirarla, salimos de casa, voy hacia el ascensor, lo llamo, ella cierra la puerta de casa me acerco y la cierro con llave, llega el ascensor subimos pico la letra B y bajamos, salimos del ascensor, Lucietis me abre la puerta de la calle y la aguanta, le gusta hacerlo.

Las ocho y cuarenta Lucietis me da la mano, con la otra llevo el carrito, primera parada el colegio de Lucietis por el camino recogemos a su amiga la pequeña Laia, a veces se hablan, otras se ignoran, otras se chinchan… y en función del día vamos haciendo el camino, llegamos al destino, aparco el carrito, le doy la mochila y un beso, entra a clase, vuelvo al carrito próxima parada la guardería de Pauletis, cuando llegamos empieza a mover las piernas, está contenta, entramos la cojo en brazos y la llevo a su clase, ríe, le quito la chaqueta, mini conversación con sus profes sobre el tiempo, como va mi tratamiento, anécdotas de Pauletis y Lucietis, opciones varias vamos, me despido de Pauletis la beso ella ya está jugando con uno de los juguetes, me voy cierro la puerta con cuidado, voy a la entrada doblo el carro (las normas son las normas) y salgo a la calle. Las nueve y cuarto me voy hacia casa, miro el móvil, envío algún whasapp de buenos días a mis incondicionales y disfruto del paseo de vuelta a casa, ya no importa la hora, no tengo prisa.

Llego a casa, Yosu me espera inmóvil en la terraza, dejo el bolso, abro las ventanas de las habitaciones, cojo una bolsa de plástico la meto en el bolsillo de la chaqueta, las llaves en la otra y abro la puerta de la terraza. Yosu empieza a saltar, cojo su correa y vamos hacia la calle, por las escaleras nos discutimos, nunca  me ha gustado que me estire ahora menos porque me duelen mucho los brazos cuando lo hace, le  riño y deja de estirar, a los pocos metros vuelve a hacerlo,  salimos a la calle y vamos al parque de siempre, estamos solos, lo suelto y empieza a correr como un loco, huele la hierba , salta, muerde ramas, me trae una, se la tiro y me la vuelve a traer, jugamos un rato.

Me siento en un banco mientras miro como disfruta de su rato de libertad, me desconecto y empiezo a imaginar, me imagino que sentiré el día de mi última sesión de quimioterapia, el día que me reincorpore a mi puesto de trabajo, el día que vuelva a ir a la peluquería a cortarme las puntas, el día que celebre con mi gente que todo ha terminado, el día que por fin me despierte por la mañana y todo haya vuelto a su sitio, empiezo a emocionarme, stop, me levanto y llamo al Yosu.

Hora de volver iniciamos el camino de vuelta y lo veo, mi amigo del parque se acerca, nos saludamos con una sonrisa hacía días que no coincidíamos. Es un señor mayor de sonrisa cálida y mirada entrañable, hemos coincidido varias veces y hemos cruzado algunas frases cordiales, lo recuerdo siempre sonriendo, llama al Yosu, se acerca con su bastón y lo acaricia, me doy cuenta que va solo, no lo acompaña su pequeño amigo peludo  de color marrón, recuerdo la imagen de los dos caminando juntos el uno al lado del otro y siguiendo los dos el mismo ritmo en sus andares, me explica que ayer se murió, está triste su mirada se humedece, no sé qué decirle, me quedo callada le digo que lo siento, no quiero caer en la trampa de decir alguna de esas absurdeces que decimos cuando la situación lo que requiere es quedarse en silencio.

Recuerdo a todas esas personas que cuando les decía que tenía cáncer me listaban a  todas esas amigas, vecinas, tías, madres, novias, suegras, conocidas, cajeras de la frutería, dependientas de la zapatería etc que habían pasado por lo mismo y que ahora estaban “fenomenal” y que sinceramente a mí en esos momentos me importaban tres leches, por eso prefiero quedarme callada, mira por donde después de todo una cosa más que he aprendido.

Mi amigo emprende su marcha mientras me repite “el mío ayer se murió y ahora tengo que pasear solo” veo como se aleja triste apoyado en su bastón para seguir con su paseo diario, ese paseo que hasta hace un par de días hacía acompañado pero hoy lo hará solo y seguramente mañana también. Esa imagen me produce una inmensa tristeza pero no puedo evitar pensar que este abuelillo me da muy buen rollo, quiero en mi vida personas que me den buen rollo.

Vuelvo a casa y por el camino decido que voy a hablar con el responsable de operaciones que me ha diseñado las mañanas para incorporar pequeña conversación matinal con mi amigo del parque, va a convertirse en otro de mis incondicionales, quiero que esté en mi año 2012.

Hoy os dejo una canción del grandioso Kiko Veneno para que recordemos que lo que hoy echamos de más mañana podemos echarlo de menos, vale la pena recordarlo.


domingo, 22 de abril de 2012

UNA MIRADA DIFERENTE


Una de mis premisas es “renovarse o morir” por este motivo voy a inaugurar una nueva sección en mi blog, sección a la que llamaré “Aportando miradas” y que tiene como objetivo dar voz (por escrito) a todas esas personas, familia, amigos, colegas de la red, compañeros varios… para que puedan expresarse y al mismo tiempo para poder aportar otros puntos de vista sobre cómo están viviendo ellos este año 2012 “el año que voy a superar un cáncer de mama”

Yo me pondré en contacto con alguno de vosotros, ya os aviso de antemano que alguno no se va a librar (Ay! que nos entran las cagaleras, eh?) para ver si os apetece participar, no es obligatorio ni mucho menos quiero provocar urticaria en ninguno de vosotros así que a los más nerviosillos ya los he ido descartando; de todos modos yo estaré encantada de recibir las propuestas de todos aquellos a los que les mole la idea.

Bueno, pues vamos al lío y como no podía ser de otro modo, esta sección la inaugura mi chico,  porque no podría ni imaginarme mi vida sin él y porque me encanta cuando me coge de la mano y hace que todo sea más sencillo.

Aquí, os lo presento mi chico-mi red de apoyo; mi red de apoyo-mi chico. Empezamos:

“Muy buenas, soy “el chico”. Mi chica me ha preguntado si quería hacer una colaboración en su blog y me ha parecido buena idea, así que aquí estoy. No diré que espero estar a la altura porque soy perfectamente consciente de que no lo estaré, pero al menos espero no desentonar demasiado y poder aportar al blog lo que supongo que espera Yolanda, otra mirada de alguien para quien el año también está siendo diferente al esperado.

Lo primero que puedo contar es que cuando a principios de año, tras la noticia que nos dieron el día 4 de enero, me encontraba a la gente por la calle que no sabía nada y de manera cordial me preguntaban: ¿qué tal el nuevo año?, se me quedaba cara de gilipollas e intentaba escaquearme como buenamente podía, que seguramente era de manera bastante cutre.

La verdad es que al principio prácticamente no podía hablar del tema, como si no hablar de ello con nadie hiciera que fuera menos real, que no estuviera pasando. Es una reacción habitual en mí, uno de esos déficits que todos tenemos, supongo, mi inocente manera de soportar lo que me parece insoportable. Tras digerir un poco el susto inicial intenté centrarme en la acción, no demasiado en la reflexión, que al principio de poco servía hasta conocer el verdadero alcance de la enfermedad. Me dediqué a cumplir el cometido que me parecía que me tocaba cumplir e intentar estar a la altura de las circunstancias. Sinceramente creo que lo conseguimos, tanto Yolanda como yo. Ni que decir tiene que el mérito es básicamente suyo, gracias a su entereza para mí era mucho más fácil mantenerme siempre en aparente buen humor y con actitud positiva. Cada uno llevaría lo suyo por dentro, y todo lo que se le pasa a uno por la cabeza se queda para uno mismo.

Una de mis mayores preocupaciones era cómo podía afectar la situación a Lucía, una niña de 3 años pero sensible, inteligente y con un radar muy bien sintonizado. Nos dio una lección y nos enseñó que si la hacemos partícipe y le explicamos las cosas en su idioma, ella las entiende, las lleva bien y además nos ayuda. Un cielo. Aprendí lo útiles que pueden ser los niños para superar situaciones complicadas, la energía positiva que aportan. En el caso de Lucía, de manera incluso consciente. En el caso de Paula, de manera inconsciente, pero es que ella lleva la alegría en la sangre, le sale de forma natural. Tiene el don de irradiar buen rollo. Creo que será siempre así. Hay quien considera a los niños una carga. No tienen ni idea de lo que nuestras hijas nos han ayudado a nosotros a sobrellevar esta otra carga mucho más ingrata.

No me quiero alargar mucho más. Aquí el protagonismo es de Yolanda, pero no voy a dejar pasar la oportunidad de acordarme de toda la gente que de alguna manera nos ha ayudado estos meses, sobre todo los que han apoyado a Yolanda, muchos de ellos seguidores de este blog que con vuestros comentarios ayudáis mucho más de lo que seguramente os imagináis.

De los que me han ayudado a mí, agradezco sobre todo el esfuerzo de mis padres, que a pesar de que los años no pasan en balde, siguen estando ahí cuando se les necesita. Gente increíble que no hace más porque no les dejamos. Y a mis jefas, que me han dado todas las facilidades para hacer lo que realmente tenía que hacer, estar al lado de Yolanda. No todo el mundo puede decir lo mismo”.

A qué es monísimo? 

Como es habitual cada entrada la he ido acompañando de una canción o video, en este caso le dejé elegir la canción, que menos, no? por que estando a su lado estoy convencida de que el viento no podrá moverme a su antojo.








viernes, 13 de abril de 2012

YO NO QUIERO SER PRINCESA


No vamos a negar que un diagnóstico de cáncer marca un antes y un después en la vida de una persona, del mismo modo que tampoco vamos a dramatizar con esta afirmación ni vamos a rasgarnos las vestiduras al pronunciar dicha frase. Los dramas se los reservamos a Benito Zambrano que él es el especialista en este ámbito, yo soy más de humor inglés.

En definitiva la vida de todos y cada uno de nosotros es un devenir de antes y después, es decir de experiencias que merecen una mención especial en nuestras vidas porque el simple hecho de haberlas vivido nos han aportado valor, nos han hecho reflexionar, nos han hecho madurar, nos han hecho cambiar la visión que teníamos sobre algo, en definitiva nos han marcado un antes y un después a la hora de plantearnos como queremos seguir enfocando nuestra vida.

Estos momentos “antes y después” pueden ser provocados por la acción de otras personas, otras veces los causamos nosotros mismos por probar, por inconsciencia, por querer saber que se esconde tras una puerta, por querer ir un paso por delante, por simple azar y otras veces suceden simplemente porque unas células malignas de tu cuerpo quieren asumir más protagonismo y empiezan a crecer de un modo desenfrenado en tu tejido mamario.

Yo he estado reflexionando sobre mis momentos antes y después y aquí os dejo una pequeña muestra:

Hubo un antes y un después tras la primera vez que me rompieron el corazón, si hago memoria creo que fue hacia los 15-16 años la primera vez que saboreé la amargura del desengaño, y aunque en las semanas posteriores derramé muchas lágrimas ahora a mis 37 años puedo afirmar que yo soy de esas personas que opina que durante tu adolescencia es totalmente necesario que te hagan trizas el corazón un par o tres de veces porque es a través de estas experiencias que empiezas a crearte tus propios mecanismos de defensa para enfrentarte a las posteriores decepciones que nos iremos encontrando ¡qué la vida es muy larga y no se acaba cuando nos deja nuestro primer novio, hombre!, que son estas las experiencias que te fortalecen y las que te ayudan a romper con el falso mito del príncipe azul que vendrá cabalgando para liberarnos de un largo letargo provocado tras haber mordido una manzana, o por habernos pinchado con la aguja de una rueca, o sino el otro que nos rescata de una vida de sufrimiento al lado de una malvada madrastra y sus hijas. Porque cuando fui consciente que el final del cuento no es “y fueron felices y comieron perdices”, que yo no tengo madrastra de la que me tengan que salvar, que nunca me ha gustado coser y que cuando me despiertan de una apacible siesta me pongo de mala leche es cuando pude empezar a hacerme una idea de lo que realmente quería de una relación de pareja y a día de hoy puedo mostrarme muy satisfecha con el resultado.

Otro momento clave fue cuando fui consciente que ya había llegado el momento de coger el relevo generacional, es ese momento en que te das cuenta que esas personas que siempre han estado ahí cuidándote, arropándote, protegiéndote de todos los monstruos que se acercaban, educándote lo mejor que han sabido, preservándote de aquello que podía ser perjudicial, que siempre han mantenido una fortaleza fuera de lo común, empiezan a ser conscientes que sus fuerzas flaquean y empiezas a notar en sus miradas que es un rol en el que no están cómodas, que ese es un papel que no están acostumbradas a interpretar y se enfadan contigo y con ellas mismas, se entristecen, se rebelan porque no están dispuestas a pasar el testigo pero sabes que no hay marcha atrás que ha llegado el momento de devolverles todo lo que ellas han hecho por ti y que ya es hora de que te empiecen a repartir cartas en esta partida.
Para mí fue muy significativo ese momento porque a los pocos meses de estrenarme como madre, la mía tuvo (podríamos llamarlo) un periodo de ausencia que la dejó un tiempo sin poder hablar y aunque ya está “totalmente” recuperada para llevar una vida normal yo sé que hay algo que se quedó en esa habitación de hospital y que no volvió a casa con ella.
Y aunque fue un momento donde se entremezclaron muchas emociones también pude sacar algo positivo de esa experiencia porque me ayudó a asumir un rol al que no estaba acostumbrada y que en esos momentos era necesario, admitir una responsabilidad y me ayudó a subir un peldaño en la escalera de la madurez donde he de decir que también me siento cómoda.

También hubo un antes y un después al darme cuenta  que ya había encontrado a la persona con la que quería compartir toda mi vida, ese instante me aportó una tranquilidad que nunca antes había experimentado, un saber que ya había encontrado mi lugar en el mundo, y cuando llegó no iba montado a caballo ni disfrazado de príncipe azul aunque no hizo falta porque en ese tiempo yo ya tenía la suerte de no creer en cuentos de hadas así que identifiqué rápido que ese chico que vestía chupa tejana iba a ser para mi.

Otro antes y después indispensable en la lista es el del nacimiento de mis princesas y la primera vez que les vi sus caritas hinchadas y feúchas pero a la vez tan monísimas. Y os puedo asegurar que aunque nacieron con 3 añitos de diferencia la sensación fue exactamente la misma. Esos momentos me aportaron la certeza que mi proyecto de vida se estaba haciendo realidad y que estaba ¡creando mi propia familia!

Y para terminar otro momentazo que no me gustaría pasar por alto fue el que  probé las gambas rojas de Palamós, porque ese sabor exquisito, ese aroma inconfundible y  su color rojizo hacen que tras probar esa delicatesen haya un antes y un después en tu concepto de lo que es comer gambas. Realmente estoy convencida que este antes y después fue fruto de la inconsciencia. 

Os dejo una canción que me ha acompañado esta semana santa y que me encanta


martes, 27 de marzo de 2012

LOS DÍAZ FERRER


A todos los que estáis, a los que me seguís, a los que me leéis, a los que me dejáis comentarios en el blog, a los que lo intentáis pero no se os publican, a los que lo hacéis en el facebook, por whatsapp, a los que me llamáis, a los que no lo hacéis aunque lo estáis deseando, a los que me seguís en silencio, a los que me compartís en vuestros muros, a los que me enviáis vuestra energía positiva, a los que me consoláis cuando se hace duro el recorrido, a los que me recomponéis cuando me he roto, a los que me facilitáis el recorrido, a los que cuidáis de mis princesas cuando me convierto en gremlin, a los que me allanáis los socavones que hemos ido encontrando, a los que me cobijáis del frío, a los que me resguardáis en los días de tormenta, a todos los que me cuidáis, a los que me cocináis cosas ricas, a los que me ofrecéis vuestro tiempo, a los que me regaláis millones de carcajadas, a los que había perdido el rastro y me alegro de haber reencontrado, a los que sin haber visto vuestras caras os reconozco en la distancia, a los que llenáis mi armario de pañuelos, a todos los que me regaláis parte de vuestro tiempo compartiendo conmigo esta experiencia, a todos vosotros que formáis parte de mi red de apoyo tengo el placer de presentaros a los Díaz Ferrer.













Este es el resultado de una agradable tarde que compartimos con Gala de  http://www.274km.com, gran fotógrafa y mejor persona, como dicen los futbolistas, un gran descubrimiento del año pasado y que va a permanecer durante muchos más fotografiando grandes momentos de los Díaz Ferrer, porque siempre tendremos motivos para inflar globos de colores y hacernos cosquillas



martes, 20 de marzo de 2012

UNA MAÑANA DE SÁBADO PARA COMPARTIR


Este sábado por la mañana podría haber sido una mañana de sábado como cualquier otra, una de esas mañanas que amanece o con la llegada de la princesa Lucietis a nuestra cama  exigiendo que nos levantemos por que el día ya ha empezado, o bien con el agradable sonido de la vocecita de la princesa Pauletis pronunciando su famoso “ta ta ta ta ta ta ta” mientras juega con su chupete, sonido que deja de ser ameno a medida que va aumentando su volumen cuando la pobrecilla empieza a ser consciente que por su cuna no se asoma nadie y ella empieza a reclamar su papilla de cereales.

Podría haber sido una mañana de sábado corriente con sus actividades habituales como mirar dibujos del Caillou con un ojo abierto mientras el otro sigue soñando con lo a gustito que se estaba bajo el edredón, una mañana de sábado de poner lavadoras con la ropa del cole de las princesas, una mañana de sábado en que se abren todas las ventanas para llenar la casa de aire fresco, mañanas de sábado dedicadas a vaguear mientras decidimos en que vamos a invertir el resto de las horas, mañanas de sábado de desayuno familiar especial fin de semana.

Los fines de semana habitualmente los inauguramos con nuestros desayunos especiales que se componen de zumo de naranja (del de verdad, no néctares ni cosas raras), tostadas de pan recién hecho o más bien recién comprado con mantequilla y mermelada, bizcocho casero y café con leche (yo Decaffeinato Intenso, mi chico Roma) leche con nesquik para la princesa Lucietis y papilla de cereales para la princesa Pauletis.

Estos desayunos son nuestra manera de estrenar el fin de semana, de celebrar que  tenemos por delante dos días para estar juntos. El hecho de reservar estos desayunos para esos días es una manera de preservarlos de la cotidianidad, de dosificarlos y de proteger esos momentos que tanto nos gusta saborear.

Porque como todo en la vida lo poco agrada, lo mucho cansa y el exceso empacha, porque hay que reconocer que hasta aquellas cosas más agradables tomadas en abundancia pueden llegar a ser molestas y el saber alargar el disfrute de estos momentos depende en gran parte de la correcta gestión que nosotros hagamos de ellos.

Por eso os explicaré un secreto, a pesar de tener lavavajillas en casa me gusta, de vez en cuando, lavar a mano toda una montaña de platos. Es posible que es estos momentos os estéis preguntando ¿pero tú estás como una cabra? o ¿es un efecto secundario de la quimio? y la respuesta es la siguiente: Sí es posible que esté como una cabra y No, no es efecto secundario de la quimio, yo ya era así antes. Pero es que me encanta prolongar estos pequeños placeres, beberme a sorbitos estos instantes y me gusta seguir apreciando que tengo una maquina a la cual si le apreto un botón me lava todos los platos que he metido dentro, y si dejara de lavar los platos a mano definitivamente dejaría de valorar que tengo un lavavajillas.

Y si algún graciosillo (porque graciosillos hay en todos lados) se está preguntado pues por esa regla de tres porque no me voy al rio a hacer la colada la respuesta es muy simple, porque no me queda cerca ninguno que sino igual me lo planteaba.

Bueno vuelvo a tema de los sábados que siempre me pasa igual y me voy por peteneras, este sábado por la mañana sucedió una cosa que transformó lo que hubiera sido un sábado normal en un sábado yumpi, como hubiera dicho mi sobrino hace unos años.Entre el desayuno y la primera lavadora la princesa Lucietis vino a mi lado y me dijo “Saps què mama? Sóc feliç…” (Sabes què mama? Soy feliz; Do you  know one thing mum? I’m happy; Tu sais quoi maman? je suis heureuse) tenía la necesidad de traducir la frase en todos los idiomas que más o menos conozco.

Esta frase transformó una mañana de sábado corriente en una mañana de sábado excepcional, porque estos son los momentos que yo considero mi tratamiento de refuerzo.

Cuando el pasado 4 de enero me dieron el famoso notición lo que tenía claro desde un principio es que el cáncer estaba en mi teta derecha pero que no había venido para quedarse.No se iba a instalar en mi casa ni siquiera iba a pasar del recibidor, no compartiría nuestros desayunos especiales de fin de semana, no degustaría mis bizcochos, no estaba invitado a bailar con nosotros en el comedor la canción del Mar de los Manel, no se iba a disfrazar con nosotros el día de carnaval, no nos acompañaría al parque, ni se subiría con mis princesas a los columpios, no disfrutaría de las tardes de palomitas viendo Tiana y el Sapo, no escucharía a mi princesa Lucietis cantar (a su manera) la canción de la seria Aida “ya era hora me toca a mi”, no estaba invitado a cenar pizza los viernes, no iba a hacer que dejáramos de hacernos cosquillas, no iba a fastidiarme la sonrisa que asoma en mis labios cuando me voy a la ducha y la princesa Lucietis me pregunta si me toca lavarme la cabeza, no estaba convocado a hacer la siesta con la princesa Pauletis cogiéndole la mano, no íbamos a dejar de inflar globos de colores  por él y no está invitado a ninguna de nuestras fiestas de cumpleaños, es decir el bicho cabroncete no iba a fastidiarnos el año.

Por eso cuando la princesa Lucietis pronunció esa frase me llenó de satisfacción porque siempre he sabido que mi chico y yo siempre formamos un buen equipo y esa frase es el mejor reconocimiento a nuestro trabajo.

Y ese instante se merecía una entrada en mi blog porque es de estos momentos de los hay que dejar constancia.




martes, 13 de marzo de 2012

MERIENDAS DE PAN CON ACEITE Y CHOCOLATE


Mi padre fue una de esas personas que gran parte de su vida llevó a cuestas una mochila muy pesada, una de esas personas a las que era muy fácil etiquetar o prejuzgar sin conocer su historia de vida.

Yo siempre he pensado que hay historias de vida sencillas que se traducen en mochilas ligeras, versátiles, fáciles de transportar, en cambio existen otras historias de vida más complicadas que conllevan mochilas pesadas, cargantes y muy incómodas de acarrear. Irónicamente son estas personas las más susceptibles de ser etiquetadas, como si no tuvieran suficiente con ir de sherpas por la vida.

Yo personalmente odio las etiquetas y esa facilidad que tenemos las persona para prejuzgar a los demás sin ser conscientes que ese acto pueda repercutir en el contexto vital del individuo que está siendo etiquetado. Es impresionante como el ser humano puede utilizar su inteligencia para apoyar sus propios prejuicios.

Cuando etiquetamos hemos de ser conscientes que estamos cancelando la oportunidad de ser diferente, que estamos perdiendo la dimensión de la individualidad, ¡no estáis hartos de tanto generalizar y de tanto “café para todos”!, dosificamos y simplificamos la realidad de la persona etiquetada, la momificamos. ¿Porqué no dejamos que cada cual se coloque su propia etiqueta y respetamos su elección?

Un cuento indio dice así: Había un hombre que un buen día se encontró en el bosque un halcón. “Mira qué paloma tan rara”, se dijo. A continuación, con unas tijeras le recortó la cola, el pico, las alas y los dedos de las patas. “Ahora sí que ya parece una paloma respetable, como tienen que ser las palomas, una paloma como Dios manda”, pensó para sus adentros muy satisfecho.  Madre mía la de halcones reconvertidos en palomas que salen en Hermano Mayor.

Bueno, pues eso, que creo que queda claro, no? que odio las etiquetas y que aprovecho para comentar que el día que a alguna de mis princesas le coloquen algún rotulo saldrá esa Belen Esteban que todas llevamos dentro y agarraré del moño a quien haga falta. Mis hijas serán halcones bellas y libres que volarán tan alto como ellas quieran y que nadie se atreva a coger unas tijeras para convertirlas en paloma porque me tiro a su yugular.

Pues dejando el tema de las etiquetas, vamos con mi padre que esta entrada se la dedico a él y a nuestros recuerdos:

Cuando pienso en mi padre me viene a la mente mi infancia y mis veranos en Sant Cebrià de Vallalta, veranos eternos que empezaban a mediados de junio y terminaban a mediados de septiembre, veranos que olían a hinojo y sabían a Colajet, meriendas de pan con aceite y chocolate, tardes enteras comiendo pipas sentada con mis amigas en el banco de la plaza de la Iglesia sin que pasara nada pero donde estaba pasando todo, veranos de Pancho llorando desconsoladamente mientras gritaba “¡Chanquete ha muerto!”,mañanas de playa en Sant Pol de Mar, y ahora es donde aparece mi padre y la avioneta de Nivea, porque no es una leyenda urbana, no, la avioneta de Nivea existió.

Yo recuerdo estar en la playa y oir el sonido del motorcillo de la avioneta y de pronto un montón de pelotas de plástico azules que se precipitaban hacia el mar, entonces todos los padres como si de mismísimos Johnny Weissmüllers se trataran se precipitaban al mar en busca de uno de esos balones mientras sus cachorrillos los esperábamos en la orilla llenos de emoción y animando a nuestros respectivos.

Me acuerdo con orgullo del día que mi padre salió del mar con una de esas pelotas azules y yo fui una de las niñas más felices de la playa, esa mezcla de orgullo y de “chínchate rabia” a las que no habían corrido la misma suerte hizo que ese momento fuera maravilloso, porque no nos vamos a engañar los niños somos chunguillos, y yo no fui una excepción aunque ahora me haya convertido en una mujer encantadora.

También me vienen a la memoria nuestros paseos por el pueblo, bajando por las mismas escaleras por las que hacía un momento había pasado Marco con su mono Amedio, o pasando por delante de la casita de chocolate… largos paseos los dos juntos que él llenaba de cuentos y de historia llenas de magia y colores.

Recuerdo los domingos que me llevaba a las Golondrinas; las mañanas que llegaba de trabajar (en el turno de noche) y yo lo esperaba en la cama para que me explicara el cuento de Blancanieves y los siete enanitos y él lo hacía; recuerdo que me decía que si dejaba caer los brazos por fuera de la cama me subirían hormigas, yo siempre pensé que se refería a los insectos y ahora de mayor me hace mucha gracia pensar que se refería al hormigueo que tienes cuando se te duerme un brazo pero él me lo explicó de tal manera que ha perdurado en el tiempo y se ha ido adaptando a mis conocimientos ¡todo un visionario vamos!; recuerdo como hacía una cruz con el cuchillo en la barra de pan antes de cortarlo; recuerdo que hacía un truco de magia (siempre el mismo) y se partía el dedo gordo de la mano por la mitad y luego se lo volvía a poner en su sitio, recuerdo como imitaba el sonido de la trompeta con la boca…

Y de pronto dejo de recordar y no sé qué sucedió, imagino que pasaron los años y crecí, yo dejé de esperarlo despierta y él dejó de explicarme el cuento de Blancanieves, y pasó lo peor que le puede pasar a dos personas que se quieren y es que dejamos de hablar permitimos que el silencio se instalara entre los dos, ya no habían paseos, se fueron las Golondrinas y las historias llenas de colores pasaron a ser grises y no logro situar exactamente cuando pasamos de ser padre e hija a ser dos desconocidos, nunca sabré cuando sucedió pero me gustaría que nadie le hubiera robado el mes de abril pero pasó y él intentó hacerlo lo mejor posible de eso estoy segura.

Y espero que esté donde esté le hayan dejado ser halcón y le hayan enseñado a leer…



domingo, 4 de marzo de 2012

DÍAS DE INTROSPECCIÓN


Entendemos por percepción la sensación interior que llega de un estímulo material a través de los órganos de los sentido por ello la utilización que hagamos de nuestros sentidos nos ayudará a crearnos nuestro mundo, el mundo en el que vamos a vivir durante toda nuestra existencia.

Los sentidos ponen a nuestra disposición toda su gama de colores, sabores, sonidos, olores y texturas para que seamos nosotros mismos los que vayamos decorando nuestro día a día de la forma que consideremos más oportuna.

Yo durante estos días “de introspección” (por ponerles un nombre y no un insulto) he estado repasando cuales eran mis sonidos, aromas, imágenes, sabores y texturas preferidos y cuales detesto y aquí os dejo el resultado:

Adoro el sonido de la respiración de mis dos princesas cuando duermen plácidamente, esa musiquilla rítmica que producen, me encanta visitarlas antes de irme a dormir, acercar el oido a la cuna de la princesa Pauletis y a la cama de la princesa Lucietis para poder oír el sonido de sus sueños, para llenarme de ese momento tan lleno de serenidad, para degustar de ese momento tan apacible, me encanta ese sonido!

En cambio, el sonido que más detesto es el de la tos de mi princesa Lucietis, no soporto ese sonido estridente que se introduce por mis oídos hasta llegar a martillearme la cabeza. Odio con toda mi alma el golpeteo de sus toses nocturnas, no soporto oírla toser y toser sin parar a pesar de poner a su disposición  todos los remedios conocidos, que si un vaso de agua templada con miel para suavizar la garganta, que si una cebolla cortada por la mitad en su mesita de noche para que la princesa inhale la esencia que desprende, que si el botecillo que emana vahos mentolados, que si el humidificador que le trajeron los Reyes Magos cuando tenía 2 años… en esos momentos daría cualquier cosa para que ese sonido finalizara, me aturde de tal manera que puede llegar a hacerme enloquecer.

Mi olor preferido sin lugar a dudas es el de mi princesa Pauletis, me encanta su olor y el aroma que queda en la ropa que ha usado, adoro aspirar esa fragancia que desprende su ropita, bodis, camisetas, pantalones… cuando la estoy cambiando para ponerle el pijama. Aunque también os he de reconocer que los aromas que desprenden sus pañales no los incluyo en esa ceremonia, esos formarían parte de otro tipo de clasificación.

En cambio, detesto cualquier olor después de una sesión de quimioterapia, en los dos o tres días posteriores a una sesión de “tratamiento de refuerzo” (manda cojones) cualquier olor puede provocarme unas nauseas tremendas, odio el olor a perfumes, detergente, comidas, tabaco, incluso el ambientador que compré hace poco porque su olor me encanta y que lo tengo adornando el comedor durante esos días lo tenemos que encerrar en una habitación y cerrar bajo llave… curiosidades de la vida, esas cosas que si no llegas a saber que suceden tampoco pasa nada pero que una vez puestos pues te sorprenden.

Adoro el sabor del chocolate negro, me encanta comerlo siempre, a todas horas pero el momento que más lo disfruto es cuando lo degusto dentro de la cama, debajo del edredón, antes de irme a dormir, Ummm!! Es maravilloso acompañar ese sabor de esa sensación de protección y de clandestinidad, la mezcla de todos estos factores hace que el sabor se intensifique altamente y que ese momento sea altamente adictivo.

Odio el sabor amargo que dejan los desengaños, esa sensación que sentimos cuando tomamos consciencia que aquello en lo que habíamos puesto un montón de ilusiones era simplemente un espejismo, una mentira. Yo a lo largo de mi vida he tenido unas cuantas decepciones, pero la verdad es que de todas y cada una de ellas estoy altamente orgullosa, no por la sensación inicial de vacío que dejan sino por cómo me han ido ayudando a madurar, a superarme, a crecer, a relativizar, en definitiva a mejorar. Así que desde aquí, aunque obviaré los nombres, por si alguna tiene la indecencia de estar leyéndome, (la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida) os agradezco enormemente a todas y cada una de vosotras que hayáis colaborado en mi crecimiento personal a lo largo de estos años y me hayáis convertido en una especialista a la hora de convertir situaciones negativas en experiencias provechosas,  esta manera de ser me está ayudando enormemente a vivir este año 2012 de una manera positiva y optimista y siempre basándome en una de mis máximas, “la vida no es lo que te sucede, sino como lo vives”

En referencia a la vista una de las imágenes que tengo guardada en un lugar preferente de mi retina es la de mi chico y la princesa Lucietis jugando en la playa del Cap Roig en l’Ampolla, mientras yo los observo a la sombra de las elegantes y generosas moreras del chiringuito Cal Pepe, con la princesa Pauletis durmiendo en mi regazo después de haberse trincado una buena dosis de teta, pobrecilla la Paulitis!  suerte que como es tan pequeñilla todavía no se ha enterado de lo que ha pasado con su gran amiga, esa que tan buenos momentos le ha dado durante sus primeros 9 meses de vida. En fin cuando llegue el momento ya se lo contaremos.
El edén que os he mencionado anteriormente es un lugar paradisíaco donde los haya e imprescindible de visitar al menos una vez en la vida, un oasis en la costa tarraconense que persiste a pesar de los intentos de nuestro gran amigo Paco de llenarla de centrales nucleares

En cambio no soporto la imagen de mi chico riéndose con las actuaciones del Chiquito de la Calzada, y que si el Condemor de la pradera, que si el fistro duodenal y el no puedorl, no puedorl, yo sí que no puedorl ver esa imagen, me tengo que ir por patas. Yo tengo la gran certeza que comparto mi vida con una persona inteligente, con una gran capacidad de razonamiento, aguda y sabia, por eso cuando lo veo reírse con ese tipo de humor tengo que salir huyendo, para evitar que se me caiga el mito. Por otro lado imagino que es la misma sensación que debe sentir él cuando me ve salir despavorida de la cocina dirección el mando a distancia del televisor mientras le grito ¡Pon Antena 3 que sale el Bustamanteeeeeeeeeee! Así que llego a la conclusión que cada uno tenemos nuestras debilidades y ojos que no ven corazón que no siente, yo seguiré intentando borrar esa imagen.

Adoro el tacto suave de la mano de mi chico sobre todo cuando paseamos los dos cogidos, me encanta entrelazar mis dedos con los suyos y caminar, sin rumbo, los dos solos, me agrada como me hace sentir segura, protegida, fuerte. Los dos callejeando por Barcelona un sábado por la mañana, es especial por el barrio de Gracia o el del Raval, los dos cogidos de la mano, sólo soltándonos para poder comer algo, un wok, un shawarma… y seguir  perdiéndonos por las calles de la ciudad, sin destino, con el mero anhelo de seguir caminando y seguir disfrutando de nuestra compañía, cruzándonos con un montón de personas pero solos los dos sin nadie más que nosotros. Me cautiva como me está acompañando en este viaje, como está caminando a mi lado, siempre cerca, como me está cogiendo fuerte y como me está transmitiendo todo su apoyo simplemente cogiéndome de la mano.

Y el tacto que no quiero notar nunca, jamás de los jamases es el de la ausencia de su mano cogiéndome fuerte, el de nuestros dedos entrelazados y haciendo que la vida sea mucho más sencilla.

Os dejo nuestra canción porque todas las parejas tenemos una, no?