El otro día en una de esas eternas sobremesas que acostumbramos
a compartir mi chico y yo estuvimos repasando como estamos afrontando este año
2012, y hablando sobre el tema yo solté una frase que me sorprendió a mi misma (como veréis cojeo en el tema de la autoestima
estoy trabajando en ello) “si sabes escuchar a tu cáncer te puede aportar
muchas cosas positivas” realmente en mi caso está siendo así.
Cuando me enteré que tenía cáncer y tras superar los
primeros días de estado de shock, totalmente necesarios por otra parte, decidí
no mirar a mi cáncer como a mi enemigo sino como un visitante incómodo del que
nos teníamos que librar lo antes posible y del que podía aprender muchas cosas,
preferí ser yo la que cogiera el toro por los cuernos y decidir sobre como
quería vivir esta experiencia y no dejar en manos de mi bicho cabroncete esa
tarea.
El estar atenta a lo que mi cáncer me quiere decir me
está dando un montón de lecciones que
espero y deseo mantenerlas cuando todo esto pase (porque estoy convencida que pasará)
y mi vida vuelva a estar en su sitio.
A mi cáncer lo estoy exprimiendo al máximo, me está
mostrando un montón de cosas, me está ayudando a escucharme como no lo había
hecho antes, me está aportando que disfrute de mis momentos de soledad, de mis
rutinas matinales, me ha mostrando como perder el miedo a tirarme a la piscina
a la hora de iniciar nuevos proyectos, está incorporando nuevas maneras de
disfrutar de la vida, ha contribuido a que me quiera mejor a mi misma y también
a los demás, me ha impulsado a darme cuenta de lo simple que puede ser la vida
si nos lo proponemos, me ha aportado grandes descubrimientos, gratas sorpresas
y algún que otro desengaño, me ha mostrado a estar más atenta a mis emociones,
gracias a él estoy conociendo una parte de mi que imagino que siempre ha estado
acompañándome pero a la que no había puesto voz, me ha descubierto que puedo
aprender a convertir mis debilidades en fortalezas y el primer paso para ello es
identificar mis puntos débiles y sentarme a hablar con ellos para llegar a un
acuerdo de convivencia…en fin un año del que quiero dejar constancia y del que
quiero tener un grato recuerdo el día de mañana.
Pues aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid y
que mi chico y yo celebramos nuestros primeros diez años juntos y felices me
puse a buscar un regalo especial, quería algo que nos identificara como pareja,
que resumiera estos diez años juntos, algo que colgar en el comedor de mi casa
y poder contemplar cuando en un futuro próximo el día a día me pueda hacer
olvidar todo lo que estoy aprendiendo este año, algo hecho para nosotros, algo
que me aportada buen rollo, algo wonderful…
Pues con estas características era fácil acabar llegando
a mr wonferful diseño gráfico para eventos no aburridos http://cargocollective.com/mrwonderful cuando me topé con ellos (Javi i Angie) me di
cuenta que ya había encontrado lo que estaba buscando y me enamoré perdidamente
de sus láminas personalizadas.
Me puse en contacto con ellos y les encargué nuestra
lámina, tras rellenar un amplio cuestionario sobre nosotros y nuestra vida en
común, Javi y Angie se pusieron manos a la obra, y tachán!!!!. Llegó el momento
de ver plasmadas todas las explicaciones en nuestra lámina personalizada fue
momento piel de gallina, me encantó, por eso quería compartirla con todos vosotros,
es una preciosidad.
Javi i Angie han hecho un trabajo magnífico, esta lámina representa
todos esos momentos mágicos que nos identifican como pareja, nuestro primer
viaje juntos a Lisboa, esa frase crucial que marcó nuestros inicios como pareja “tú no
lo entiendes Yolanda pero yo por ti lo dejaría todo” (y así fue), nuestra
película “Persiguiendo a Amy” que nos recuerda que para construir un futuro juntos
hay que respetar el pasado del otro, nuestras cervecitas con pincho de fin de semana, mi devoción
por los outlets de ropa, nuestro Yosu no podía faltar, nuestros bizcochos
de los desayunos de los sábados, los cupcakes que intento hacer pero que a mi
chico no le molan nada, nuestro aceite del Perelló, el regalo que le hice por
su 40 cumpleaños viaje “sorpresa” a Londres, los picnics en el rio con tortilla
de patata y pechuga rebozada los representamos con una foto que nos hicimos el
año pasado en el rio de Navalonguilla, mi Barça y su Espanyol, y lo que me emocionó
enormemente fue la gran sensibilidad que mostraron a la hora de plasmar a mi
bicho cabroncete a través de mi blog “bebiendo limonada”.
A mi chico le encantó y yo estoy convencida que cuando dentro de unos años la observe colgada en el comedor de casa hará que recuerde este año 2012 con una bonita sonrisa, ¡objetivos conseguidos!
Hoy os dejo una trocito de una de mis películas preferidas, a ver si os gusta!!
Es terrible pero hay personas que son felices y no lo saben. Son
personas que viven instaladas en la permanente queja, personas que han decidido
mirar la vida con las gafas del desánimo y la tristeza, personas que creen que
la felicidad está en lo que les falta y no en lo que tienen, personas que se
pierden las pequeñas alegrías que nos regala la vida porque están obsesionadas buscando
la gran felicidad, personas que han tenido la poca fortuna de caer en el
círculo de la infelicidad y por mucho que lo intentan no son capaces de
encontrar la salida.
Ser feliz no es tarea fácil, no depende del azar ni es
fruto de la casualidad, para ser feliz es necesario estar capacitado para ello,
saber identificar los pequeños momentos de placer y tatuarnos en la piel que
nosotros somos parte activa en la decisión de ser felices, acabar con el falso
mito de que “la felicidad está ahí
fuera” y atribuirnos a nosotros la responsabilidad de serlo.
Este año 2012 iba a ser un año especialmente feliz, un
año lleno de sorpresas y de momentos mágicos, un año que mi chico y yo habíamos
empezado a diseñar durante la cena del 31 de diciembre de 2011, porque este año
2012, señoras y señores ¡mi chico y yo celebramos nuestros primeros diez años juntos!
Un año que íbamos a inaugurar con mi reincorporación a la
vida laboral tras haber podido disfrutar de unos meses mágicos dedicados a la
crianza de la princesa Pauletis. Un año en que nos habíamos propuesto buscar nuevos
espacios para los dos como pareja, momentos para poder volver a estar solos y
recuperarnos el uno al otro dando por finalizada la llegada de nuevos miembros
a la familia, al menos los que tuviera que parir yo, claro.
Pues 2012 tenía que ser un año de celebración, un año en
el que teníamos que festejar esos diez años de sonrisas, de caricias, de
miradas cómplices, diez años de retos cumplidos y de sueños por cumplir, diez
años de viajes con nuestras mochilas a hombros, de paseos por La Fageda d’en
jorda, de desayunos en El Casino de Cadaqués, de cenas improvisadas en nuestra terraza
a la luz de las velas acompañados de nuestra amiga Chavela Vargas, de aperitivos
con cervecita y pincho que se alargan hasta bien entrada la tarde, diez años de
largas siestas en el sofá mirando “Pau i el seu germà” del gran Morfeo Recha.
Diez años de cambios de trabajo, de aumentos de sueldo, de
bajadas de sueldo, de cambio de coche, diez años de calçotades, de verbenas de
Sant Joan, diez años haciendo panallets (a
mi me encantan los de almendra a él le pirran los de piñones), sumando velas a los pasteles de cumpleaños, diez
años de domingos saboreando espaguetis a los tres quesos, de “llàgrimes de
tardor”, diez años de largos paseos con las manos entrelazadas por las calles
de cualquier ciudad soltándolas para engullirnos un delicioso shawarma.
Diez años compartiendo helados de avellana y de leche
merengada, diez años de veranos en el pueblo bajo una mullida manta y disfrutando de largas
caminatas por la Sierra de Gredos, de solomillos de ternera y “patatas
revolconas”, diez años de cinema a la fresca, baños en el rio y meriendas en la
alameda.
Diez años que empezamos siendo cuatro apostamos por ser dos y a día de hoy somos
cinco, diez años aprendiendo juntos, equivocándonos juntos, diez años
compartiendo a los amigos de toda la vida, haciendo nuevos colegas y aparcando
a otros que apuntaban maneras pero se quedaron por el camino.
Diez años que inauguramos bailando Los Rodríguez, haciendo
el fitipaldi con Fito, persiguiendo a Marea por Barcelona, Granada y Candeleda,
viajes en coche con los Pereza, Extremoduro para las noches de copichuelas, improvisando
coreografías a ritmo de los Manel y Els amics de les Arts con nuestras
princesas en el comedor de casa.
Diez años en los que no contábamos con la llegada de un
iluso carcinoma ductal infiltrante que hizo una entrada muy sonora en nuestras
vidas y se pensaba que iba a eclipsarnos, creía que nos iba a fastidiar el año y el pobre se dio de bruces
con la realidad, se equivocó de piso porque nosotros vivimos sabiendo
identificar las pequeñas alegrías y seguimos teniendo muchos, muchísimos motivos
para seguir siendo felices y aunque hay momentos difíciles y situaciones duras y
muy duras nosotros tenemos la suerte de seguir siendo felices y saberlo. ¡Jódete bicho cabroncete!
Hoy os dejo un temazo de los Pereza porque coincido con ellos en qué gusto da estar enamorado y caminar con mi chico del brazo
En la entrada de hoy me gustaría explicaros un suceso que
viví hace unas semanas y que realmente es digno de mención. Anécdota que tenía clarísimo
que quería compartir con todos vosotros pero también era consciente que debía dejarla
en cuarentena durante unos días para darle la distancia que merece y poder
expresarla desde el humor y la reflexión, ingredientes con los que me gusta aderezar mis relatos.
Creo que hoy ha llegado el día, vamos allá, tal y como os
expliqué en la entrada “El encanto de la rutina” http://bebiendolimonada.blogspot.com.es/2012/04/el-encanto-de-la-rutina.html a lo largo
de este tiempo he ido incorporando pequeñas conversaciones con mi amigo del
parque ese que me transmite muy buen rollo y os puedo asegurar que nuestra
relación ha ido avanzando a pasos agigantados.
Será deformación profesional pero no he podido evitar ir haciendo
averiguaciones sobre su situación personal, de momento mirad toda la
información que tengo sobre él: tiene 90
años (pues os aseguro que está hecho un chaval) y el 22 de mayo cumplirá 91, es
viudo (eso me lo temía), vive con una de sus hijas en el bloque de pisos frente
el parque y su otra hija vive con su marido en el piso de arriba, con estos
datos yo sinceramente me quedo mucho más tranquila porque “aparentemente” mi
abuelillo está bien atendido, yo por si acaso no bajaré la guardia porque a mi
amigo “mientras yo tenga a él no le va a faltar de nada”.
Bueno pues la anécdota que quiero compartir tuvo lugar una
mañana en la que estaba disfrutando de nuestra charla matinal con mi amigo y de
pronto se nos acercó un señor de avanzada edad que por sus andares chulescos y
la dirección de sus pasos anunciaba que iba a interrumpir ese bonito momento sin
el más mínimo reparo.
Evidentemente así lo hizo, ni corto ni perezoso se acercó
a nosotros y sin que nadie le diera la palabra él empezó a soltarnos un
monólogo sobre los recortes que estaba haciendo el gobierno utilizando unos
argumentos que no eran nada razonables. No me malinterpretéis no defiendo ni
uno solo de los recortes sociales que están llevando a cabo pero esta entrada
no va de eso.
Unas simples pinceladas para que os hagáis una idea de lo
que salió de su boca, aunque os aseguro que no voy a transcribir su discurso
porque no había nada salvable en toda su disertación, desde su punto de vista
recortan los derechos de “los de aquí” porque hay muchos de “los de ahí” yo
como nieta de abuelos andaluces e hija de padre andaluz sentí ese pellizco en
el estómago que siento siempre que hablan con desprecio de la inmigración, pero sinceramente como “no tenía el chichi pa
farolillos” y como creo que el emisor de los mensajes incendiarios no tenía ni la
capacidad de escucha ni la de reflexión
para poder entender mi opinión al respecto me quedé calladita, dejé que mi
mente abandonara mi cuerpo haciendo uso del gran poder mental que he ido
perfeccionando a lo largo de estos últimos meses debido al manejo que he tenido que hacer del mismo en varios
momentos de este año (de algo me ha servido, sí señor) y aparté la mirada.
Pero no se vayan todavía que aun hay más, ahora es cuando
viene lo mejor de la historia, una vez que el colega dio por terminada su
intervención se me queda mirando y me suelta “ Oye, ¿y tú porque llevas un
pañuelo atado en la cabeza?” lo miro a los ojos y le digo muy serena “Porque me estoy curando de un cáncer de pecho”
y va el individuo y me suelta “Ah!! Ya me lo imaginaba, mi hermana se murió de
eso” ¡qué! ¿cómo se os ha quedado el cuerpo? yo suerte que ese día decidí
ponerme pantalones porque os aseguro que si llevo falda se me caen las bragas
al suelo.
Me dejó totalmente desconcertada como podía haber soltado
eso por su boca sin conocerme de nada, sin saber en qué momento estaba de todo
el proceso, cuál era el verdadero alcance de mi enfermedad y sin plantearse las consecuencias emocionales que podía producirme esa frase.
Entre balbuceos producidos por mi estado de perplejidad ante
lo que acababa de escuchar sólo pude contestarle “Lo siento por su hermana pero
espero que mi historia tenga otro final”
a día de hoy todavía no entiendo cómo pudo salir una frase tan cordial
de mis labios, ah! claro debió ser “el poder de la mente”.
Evidentemente en ese momento eché de menos a todas esas
personas que cuando se enteraban que tenía cáncer me mencionaban a todas las madres, vecinas,
amigas, nueras, suegras, cajeras de supermercado que también habían tenido
cáncer y que ahora están “fenomenal”, esas personas a las que en entradas
anteriores no les di el lugar adecuado, pues ahora des de aquí “Gracias,
gracias y mil gracias, no dejéis de mencionarme a todas y cada una de las
mujeres que conocéis que han superado un cáncer de mama”.
Dimos por terminado en encuentro, mi amigo siguió con su
paseo matinal, yo me fui para casa con Yosu y el individuo imagino que iba a
buscar nuevas víctimas.
Tras, podríamos llamarlo, “el incidente” me vino a la
memoria una conversación que tuve el placer de compartir con unos buenos amigos
hace unos meses en una de nuestras eternas sobremesas, en ella debatíamos sobre
aquellas personas que se creen por encima del bien y del mal y sueltan por su
boca lo que ellos consideran verdades como templos sin pensar en el contexto vital
en que se encuentra el receptor del mensaje, personas que escudadas tras su
verdad hacen un mal uso del concepto franqueza.
Por ejemplo decirle a una mujer que acaba de parir y que
está en plena lactancia que aún le quedan por perder unos quilos o decirle a
una mujer que está en tratamiento para superar un cáncer de mama que su hermana
se murió exactamente de eso, sinceramente no lo veo correcto. No voy a entrar
en que sea verdad o mentira, es posible que mi amiga en pleno postparto no tuviera
la misma figura (aunque no dudo que volverá a lucirla en breve) y tampoco dudo
que la hermana del señor muriera de cáncer pero en ambos casos ¿estamos
hablando de personas sinceras o personas maleducadas?
Porque todos podemos participar del juego de la verdad y
mi amiga podría haber contestado que el tema de los quilos se solucionará en cuánto
deje de darle el pecho a su bebe, siga una correcta alimentación y haga un poco
de de ejercicio pero él en cambio lo tiene un poco más complicado porque su
problema se llama mala educación y a depende que edades es muy difícil corregirlo y menos si el susodicho no pone de su parte para solucionarlo.
Yo en mi caso si hubiera podido hacer algo más que
balbucear podría haberle contestado que a día de hoy y en vista de cómo va mi
tratamiento y el resultado de las pruebas que me están haciendo es más posible
que se reúna antes él con su hermana que yo, y finalizar la frase con un “viejo
de mierda”. Pero sinceramente creo que no era necesario.
Para esta entrada he escogido otro tema de mi querido
Sabina porque a veces yo también prefiero escuchar mentiras piadosas.
Mañana por la mañana mis
princesas, mi chico, Yosu y yo cogemos los bártulos y nos vamos a nuestro
pequeño paraíso a pasar los próximos cuatro días, un lugar del que prometo hablaros en algún momento, merece una
entrada especial y por ello prometo compartirlo algún día con todos
vosotros.
Pero no me quería
marchar sin compartir con todos vosotros una nueva mirada que he recibido esta
semana y que me ha encantado, la mirada de Juan Luis.
Juan Luís es mi primo
des de hace 10 años, el tiempo que llevo con mi chico, ya que en realidad es
primo suyo por parte de madre.
Yo por malos rollos
entre mi madre y sus hermanos motivados por temas que no conozco lo suficiente
porque tampoco me he interesado en averiguar no he podido tener una relación
con mis primos.
Sí que los tengo, nos
conocemos, nos saludamos, incluso hemos llegado a compartir alguna que otra
celebración en momentos puntuales pero nos ha faltado sentir ese vínculo que
ata a las personas y las une de por vida.No hemos compartido experiencias de vida
que nos hayan identificado los unos a los otros como parte de la misma familia.
Pero este déficit quedó
completamente cubierto el día que conocí a los primos de mi chico, es imposible
definir el concepto vínculo familiar sin hablar de los Marcos.
Los Marcos son una piña,
son un montón de personas repartidas por toda España (Salamanca, centro
neurálgico y lugar de encuentro habitual, Bilbao, Mallorca, Huelva, Badajoz,
Valencia…creo que no me dejo ninguna provincia si es así lo lamento pero es que
sois un montón carajo) que pueden estar años sin verse ni hablar por teléfono
pero que están conectadas las unas a la otras por un lazo invisible que las
mantiene y mantendrá unidas a pesar de la distancia física, personas que sabes
con certeza que moverían cielo y tierra para que a ninguno de los suyos les
faltara de nada.
Juan Luis es uno de los
primos de Bilbao que ha querido colaborar en mi blog y aparte de ser una gran
persona y un entusiasta de Los Suaves es un excelente periodista por eso os
dejo con el texto que me ha enviado para que disfrutéis con su lectura como yo
he hecho. Aquí os lo dejo:
"Antes que nada, creo que es de recibo que me presente: Soy Juanlu,
el primo de Juan Andrés, el chico de Yolanda, quien ha saltado a la fama tras
inaugurar con notable éxito la sección “Una mirada diferente” del blog “Bebiendo
Limonada”. Por si ello fuera poco, soy el ahijado de Rosi y Juan, a la sazón
suegros de la mencionada Yolanda. Lo cierto es que me da un poco de reparo
introducirme así de sopetón en este blog, puesto que posiblemente los
seguidores del mismo tendrán una relación mucho más cercana a Yolanda de la que
yo tengo, pero al ver que ésta se ha apiadado de mí y me ha dejado tomar parte
en su blog, voy a aprovechar la oportunidad para satisfacer este afán de
protagonismo del que solemos gozar los periodistas (que somos muchos en la
familia).
Como de lo que se trata es de aportar nuestra mirada al “2012, el
año en el que voy a superar un cáncer de mama”, como bien titula mi prima, yo
diré que el presente año, en lo que a mí se refiere, está protagonizado por un
compañero de viaje llamado desempleo, quien, al parecer, no me quiere
abandonar. Y eso que esporádicamente le pongo los cuernos colaborando con un
par de agencias de prensa, una de las cuales, precisamente, tiene su sede
central en la Calle Mallorca
de Barcelona, cerca de donde viven mis padrinos.
Así las cosas, el 2012 va a ser para mí el año en el que he
pasado a formar parte de la empresa más grande del estado, en la que ya
“trabajamos” más de cinco millones de personas, pese a lo cual no quiero ir de
víctima. De hecho, a pesar de que siempre he pecado de pesimista, he aprendido
que ver la botella medio vacía te impide disfrutar de la mitad del líquido
disponible en el recipiente (bueno, esto me lo acabo de inventar ahora, pero
queda bien). Lo que quiero decir es que debemos afrontar las cosas como viene,
con su lado negativo, pero también con su lado positivo. Es cierto, yo estoy en
el paro, para ser más explícitos, diremos que estoy “en la puta calle”, pero no
por eso voy a ponerme a llorar, entre otras cosas, porque yo no he provocado
esta situación de la que espero escapar bien pronto. Es más, debería darme por
satisfecho al ver que dispongo de artículos de verdadero lujo, como por
ejemplo, agua corriente en mi casa, algo de lo que millones y millones de
personas carecen en el mundo, y esto no es demagogia, es simplemente una
realidad cuantificable.
Quizás fue la muerte de mi padre o quizás fueron mis viajes a
Filipinas en los años 2007 y 2008 los que me hicieron empezar a ver las cosas
de un modo distinto a como las veía antes, cuando no era más que un mocoso inmaduro (bueno, un poco inmaduro sigo
siendo). Y es que en Manila lo normal es que los niños duerman descalzos en medio
de la acera, entre cartones; o que las madres, con sus bebés en brazos, te pidan
en plena noche, presas de la desesperación y el hambre, que les des veinte
pesos (algo así como 30 céntimos de euro) para poder comer algo. En esa época, mientras
atravesaba en furgoneta barrios llenos de sucias chabolas destartaladas, entre
las cuales los niños andaban con chancletas (los más afortunados), comprendí
que hasta entonces me había preocupado por nimiedades y que aquí, en lo que
llamamos Primer Mundo, somos unos privilegiados por disponer simplemente de comida
o de luz. Este modo de analizar las cosas no implica que siga siendo en demasiadas
ocasiones un neurótico impenitente, pero sí que a veces me ayuda a diferenciar
entre “chorradas” y asuntos de los que realmente debemos preocuparnos, o mejor
dicho, de asuntos a los que buscaremos una solución.
Por ello, tras la noticia que nos llegó a inicios de año de que
Yolanda tenía cáncer, yo quise alejarme de las posiciones catastrofistas que
parecían imponerse a nuestro alrededor. Al de poco tiempo comprobé con alegría
que era la propia Yolanda la que tranquilizaba a todo el mundo anunciando que su
recuperación iba por buen camino y que afrontaba con valentía y coraje esta
etapa de su vida (¡Si es que es tan echada para adelante que hasta parece
vasca, pues!). Ella ha llamado desde un inicio a las cosas por su nombre y eso
es otra cosa que siempre me ha gustado. Sí señores, esa enfermedad se llama
cáncer. Mi padre murió de cáncer, no de una larga enfermedad, y no hay que
avergonzarse por ello, igual que no me avergüenzo cuando digo que dos tíos míos
están en este momento “en la lucha” o igual que me alegro al acordarme de que
mi amigo “Cucho”, quien destaca por su facilidad para ingerir cerveza, y de que
mi amigo Guiller han superado sendos cánceres.
Por ello, si alguien quiere compadecerse de Yolanda, que lo haga
por que el Madrid ha encarrilado la liga en su querido Nou Camp, o porque el
único gol que ha metido Torres en los últimos dos años haya sido ante el
Barcelona, aunque está claro que el fútbol no es más que una tontería si la comparamos
con todas las cosas buenas que tiene Yolanda en su vida, como por ejemplo sus
dos hijas, a las que dentro de poco explicará con toda naturalidad como ha
superado un cáncer.
Y bueno, espero que ahora, tras esta larga disertación que
espero haya sido del agrado de todos ustedes, aparezca aquí debajo un vídeo de
Los Suaves, que es para lo que he escrito este artículo, je, je. Es broma, pero
ándate con ojo Juan Andrés, que como me hayas puesto un vídeo de Manolo
Escobar, cojo un autobús desde Galdakao (la capital del mundo, mucho más que
Bilbao, incluso) hasta Rubí y te estiro de las orejas"
A ver si te gusta el vídeo que hemos elegido para que la próximas Malas Noticias que escuchemos sean únicamente este temazo de Los Suaves,
Cling, cling,
cling…abro un ojo el otro sigue cerrado, saco la mano de debajo del edredón cojo el móvil, miro la pantallaque me
anuncia que son las siete y veinte: opción posponer o descartar, elijo
posponer, me vuelvo a tapar con el edredón y disfruto de unos minutos de pereza, al cabo de unos instantes
el cuerpo empieza a reaccionar , disfruto del silencio que reina en mi casa, saco
de nuevo la mano de debajo del edredón, miro la hora las siete y veinticinco, ahora sí, empieza ritual.
Me destapo me
pongo las zapatillas que están esperándome al lado de mi cama, abro la persiana
de mi habitación y miro el cielo sigue siendo azul, me dirijo al lavabo,(…), me
lavo la cara y me pongo crema hidratante veo mi imagen en el espejo, no me miro,
no me gusta lo que veo, me duele, me entristece y no hay tiempo para
lamentaciones, ya vendrán tiempos mejores ya volveré a gustarme.
Salgo del
baño, voy a la cocina, cojo el pan de molde de la nevera y lo pongo en la
tostadora, enciendo la cafetera, espero que el botón verde deje de parpadear, voy
a la habitación me visto con la ropa que dejé preparada por la noche, vuelvo a
la cocina y cojo el biberón le pongo agua y lo caliento en el microondas, salen
las tostadas les pongo aceite y sal, el botón verde deja de parpadear busco la
capsula de color granate, la coloco en la cafetera le doy el botón verde y sale
el café, su olor inunda la cocina, me gusta poder volver a disfrutar de ese
aroma, apago la cafetera, añado leche de avena y azúcar moreno coloco la taza en el microondas, espero un
minuto y saco el café con leche me siento en el banco que compramos hace poco
en Ikea para acompañar a la mesa de la cocina.
Empiezo mi
desayuno, no pienso, mi mente está en blanco en modo off, doy pequeños
mordiscos a las tostadas mientras las saboreo lentamente y disfruto del café
dándole pequeños sorbos, disfruto de estos instantes de quietud, oigo como el
Yosu se despierta y sale de debajo de nuestra cama, veo como asoma la cabeza
mientras estira su cuerpo entumecido por las horas de sueño, viene hacia mí se
pone a mi lado y me coloca su cabeza encima de la pierna, me da los buenos
días, es listo sabe que el ultimo mordisco de mi tostada es para él, se lo doy,
miro la hora siete y cuarenta me levanto, cojo la taza y el plato del desayuno les
paso un agua y los coloco en el lavavajillas, cojo el vaso de la Kitty lo lleno
de leche y lo pongo en el microondas, pongo la caja de galletas encima de la
mesa. Mientras se calienta la leche de Lucietis voy haciendo la papilla de Pauletis,
suena el microondas que me avisa que la leche ya está templada, le pondo dos
cucharaditas de nesquik, coloco el vaso en la mesa de mármol de la cocina junto
la caja de galletas y por último la caña del pájaro loco miro la hora siete y cuarenta
y cincohora de despertar a las princesas.
”Lucia!!!….ya es de día” la dejo que empiece a reaccionar mientras voy
a despertar a Pauletis que a día de hoy todavía no ha desarrollado ningún tipo
de malhumor matinal, voy a su habitación abro la persiana y entra el día que
ilumina su cuna, empieza a moverse, se estira, se frota los ojillos y me regala
una sonrisa, ¡es tan gratificante despertar a mi pequeña cada mañana!, la cojo
en brazos apoya su cabecita en mi hombro mientras yo le doy un millón de besos
“mañaneros” y me hace feliz, la llevo a su trona de la cocina mientras se sigue
rascando los ojitos con sus manitas, me encanta esa imagen, me recreo mirándola
es ternura en estado puro, la siento al tiempo que le pongo a su disposición
toda una serie de artilugios, cucharas de plástico, tenedores de madera,
muñequitos… y ella empieza a jugar con ellos, le voy dando la papilla.
Vuelvo a
llamar ¡Lucíaaaa! oigo como empieza a
quejarse, ella ya ha empezado a desarrollar ese malhumor matinal, sigo dándole
la papilla a Pauletis, espero unos segundos, me levanto voy a la habitación de
Lucietis, “venga Lucía que ya está el desayuno” levanta los brazos hacia mi aunque sigue con
los ojos cerrados, la cojo en brazos (cada vez más doloridos, no quiero dejar
de coger en brazos a mis princesas, eso me pondría triste), la beso y la llevo
hasta el banco de la cocina la siento, ella se deja hacer, abre los ojos, mira
a Pauletis y las dos se sonríen, se dan los buenos días, Lucietis empieza a desperezarse,
mete la cañita en el vaso y empieza a sorber, al rato se dirige dando tumbos
hacia el baño y hace pis, vuelve a la cocina, Pauletis termina su papilla, señala la caja de galletas quiere un premio le
acerco una, la coge y me sonríe le sonrío, salgo de la cocina y las dejo a
solas unos instantes, voy al baño me lavo los dientes, oigo como Lucietis sorbe
la leche, escucho esos ruiditos que me encantan.
Las ocho y
diez vuelvo a la cocina cojo a Pauletis
en mis brazos, voy a buscar un pañal, toallitas húmedas y la ropa que dejé preparada ayer
por la noche en su habitación, la dejo encima de mi cama, le cambio el pañal,
nos miramos, nos reímos, le hago cosquillas, se troncha, jugamos mientras la
visto, le limpio la carita le pongo sus zapatitos y un poco de colonia, la
peino y la dejo en el suelo del comedor rodeada de juguetes, muñequitos,
cucharas de madera, tupers vacios, voy a la cocina, insisto “Lucia la leche” empezamos las negociaciones, “toda no”, “toda
sí”, “hasta la nube”, “hasta la flor” llegamos a un acuerdo.
Voy a la
habitación de Lucietis, cojo el chándal del colegio lo llevo a mi cama, ella me
avisa que ya ha terminado, quiere que vaya a mirar el vaso, lo hago la felicito, le gusta que la premie, a mi me
gusta premiarla, viene, se estira en la cama, se quita el pijama, se viste, mientras
lo hace quiere que está con ella en la habitación, conversamos, voy al comedor
le echo un ojo a Pauletis, gatea entre sus cosas, me ve, viene hacia mí,
Lucietis ya está vestida y calzada le doy el cepillo y su pasta de dientes,
mientras se lava los dientes y la cara yo le preparo el bocadillo del almuerzo
y lo pongo en su mochila, me avisa cuando
termina, va a su joyero repleto de gomas, diademas, clips… escoge el peinado
del día, me viene a buscar con la colonia y el cepillo, ella los sujeta, me da
la colonia, le pongo colonia, me da el cepillo, la peino, ahora la goma del
pelo y un moñete aquí, otro moñete allá y los cuatro clips, dos en cada lado,
miro la hora las ocho y media, voy a mi habitación abro la caja donde guardo
mis pañuelos, busco entre mis
preferidos, tengo un montón pero casi siempre llevo los mismos me pongo delante
del espejo de mi habitación, me lo pongo en la cabeza y lo ato, lista, busco a
Pauletis, está jugando en el baño con la báscula, la cojo le pongo la chaqueta
que está encima del carro y la coloco en él, se queja, intenta llorar, no le
sale, no sabe, le pongo el chupete, se conforma, pongo las mochilas en el carro
y el Yosu a la terraza, Lucietis se pone su chaqueta “Mira mama” le gusta que
mire como se ata ella sola la cremallera, la miro me encanta mirarla, salimos
de casa, voy hacia el ascensor, lo llamo, ella cierra la puerta de casa me
acerco y la cierro con llave, llega el ascensor subimos pico la letra B y bajamos,
salimos del ascensor, Lucietis me abre la puerta de la calle y la aguanta, le
gusta hacerlo.
Las ocho y
cuarenta Lucietis me da la mano, con la otra llevo el carrito, primera parada
el colegio de Lucietis por el camino recogemos a su amiga la pequeña Laia, a
veces se hablan, otras se ignoran, otras se chinchan… y en función del día
vamos haciendo el camino, llegamos al destino, aparco el carrito, le doy la
mochila y un beso, entra a clase, vuelvo al carrito próxima parada la guardería
de Pauletis, cuando llegamos empieza a mover las piernas, está contenta,
entramos la cojo en brazos y la llevo a su clase, ríe, le quito la chaqueta,
mini conversación con sus profes sobre el tiempo, como va mi tratamiento,
anécdotas de Pauletis y Lucietis, opciones varias vamos, me despido de Pauletis
la beso ella ya está jugando con uno de los juguetes, me voy cierro la puerta con
cuidado, voy a la entrada doblo el carro (las normas son las normas) y salgo a
la calle. Las nueve y cuarto me voy hacia casa, miro el móvil, envío algún whasapp
de buenos días a mis incondicionales y disfruto del paseo de vuelta a casa, ya
no importa la hora, no tengo prisa.
Llego a casa,
Yosu me espera inmóvil en la terraza, dejo el bolso, abro las ventanas de las
habitaciones, cojo una bolsa de plástico la meto en el bolsillo de la chaqueta,
las llaves en la otra y abro la puerta de la terraza. Yosu empieza a saltar,
cojo su correa y vamos hacia la calle, por las escaleras nos discutimos, nunca me ha gustado que me estire ahora menos porque
me duelen mucho los brazos cuando lo hace, le
riño y deja de estirar, a los pocos metros vuelve a hacerlo, salimos a la calle y vamos al parque de
siempre, estamos solos, lo suelto y empieza a correr como un loco, huele la
hierba , salta, muerde ramas, me trae una, se la tiro y me la vuelve a traer,
jugamos un rato.
Me siento en
un banco mientras miro como disfruta de su rato de libertad, me desconecto y
empiezo a imaginar, me imagino que sentiré el día de mi última sesión de
quimioterapia, el día que me reincorpore a mi puesto de trabajo, el día que
vuelva a ir a la peluquería a cortarme las puntas, el día que celebre con mi
gente que todo ha terminado, el día que por fin me despierte por la mañana y
todo haya vuelto a su sitio, empiezo a emocionarme, stop, me levanto y llamo al
Yosu.
Hora de
volver iniciamos el camino de vuelta y lo veo, mi amigo del parque se acerca,
nos saludamos con una sonrisa hacía días que no coincidíamos. Es un señor mayor
de sonrisa cálida y mirada entrañable, hemos coincidido varias veces y hemos
cruzado algunas frases cordiales, lo recuerdo siempre sonriendo, llama al Yosu,
se acerca con su bastón y lo acaricia, me doy cuenta que va solo, no lo
acompaña su pequeño amigo peludo de color
marrón, recuerdo la imagen de los dos caminando juntos el uno al lado del otro
y siguiendo los dos el mismo ritmo en sus andares, me explica que ayer se
murió, está triste su mirada se humedece, no sé qué decirle, me quedo callada
le digo que lo siento, no quiero caer en la trampa de decir alguna de esas
absurdeces que decimos cuando la situación lo que requiere es quedarse en
silencio.
Recuerdo a
todas esas personas que cuando les decía que tenía cáncer me listaban a todas esas amigas, vecinas, tías, madres,
novias, suegras, conocidas, cajeras de la frutería, dependientas de la
zapatería etc que habían pasado por lo mismo y que ahora estaban “fenomenal” y
que sinceramente a mí en esos momentos me importaban tres leches, por eso
prefiero quedarme callada, mira por donde después de todo una cosa más que he
aprendido.
Mi amigo emprende
su marcha mientras me repite “el mío ayer se murió y ahora tengo que pasear
solo” veo como se aleja triste apoyado en su bastón para seguir con su paseo
diario, ese paseo que hasta hace un par de días hacía acompañado pero hoy lo hará solo
y seguramente mañana también. Esa imagen me produce una inmensa tristeza pero no
puedo evitar pensar que este abuelillo me da muy buen rollo, quiero en mi vida
personas que me den buen rollo.
Vuelvo a casa
y por el camino decido que voy a hablar con el responsable de operaciones que
me ha diseñado las mañanas para incorporar pequeña conversación matinal con mi
amigo del parque, va a convertirse en otro de mis incondicionales, quiero que
esté en mi año 2012.
Hoy os dejo una canción del grandioso Kiko Veneno para que recordemos que lo que hoy echamos de más mañana podemos echarlo de menos, vale la pena recordarlo.
Una de mis premisas es “renovarse o morir” por este motivo
voy a inaugurar una nueva sección en mi blog, sección a la que llamaré “Aportando miradas” y que tiene como objetivo dar voz (por escrito) a todas esas
personas, familia, amigos, colegas de la red, compañeros varios… para que
puedan expresarse y al mismo tiempo para poder aportar otros puntos de vista
sobre cómo están viviendo ellos este año 2012 “el año que voy a superar un
cáncer de mama”
Yo me pondré en contacto con alguno de vosotros, ya os aviso
de antemano que alguno no se va a librar (Ay! que nos entran las cagaleras,
eh?) para ver si os apetece participar, no es obligatorio ni mucho menos
quiero provocar urticaria en ninguno de vosotros así que a los más nerviosillos
ya los he ido descartando; de todos modos yo estaré encantada de recibir las propuestas
de todos aquellos a los que les mole la idea.
Bueno, pues vamos al
lío y como no podía ser de otro modo, esta sección la inaugura mi chico, porque no podría ni imaginarme mi vida sin él
y porque me encanta cuando me coge de la mano y hace que todo sea más sencillo.
Aquí, os lo presento mi chico-mi red de apoyo; mi red de
apoyo-mi chico. Empezamos:
“Muy buenas, soy “el
chico”. Mi chica me ha preguntado si quería hacer una colaboración en su blog y
me ha parecido buena idea, así que aquí estoy. No diré que espero estar a la
altura porque soy perfectamente consciente de que no lo estaré, pero al menos
espero no desentonar demasiado y poder aportar al blog lo que supongo que
espera Yolanda, otra mirada de alguien para quien el año también está siendo
diferente al esperado.
Lo primero que puedo
contar es que cuando a principios de año, tras la noticia que nos dieron el día
4 de enero, me encontraba a la gente por la calle que no sabía nada y de manera
cordial me preguntaban: ¿qué tal el nuevo año?, se me quedaba cara de
gilipollas e intentaba escaquearme como buenamente podía, que seguramente era
de manera bastante cutre.
La verdad es que al
principio prácticamente no podía hablar del tema, como si no hablar de ello con
nadie hiciera que fuera menos real, que no estuviera pasando. Es una reacción
habitual en mí, uno de esos déficits que todos tenemos, supongo, mi inocente
manera de soportar lo que me parece insoportable. Tras digerir un poco el susto
inicial intenté centrarme en la acción, no demasiado en la reflexión, que al
principio de poco servía hasta conocer el verdadero alcance de la enfermedad.
Me dediqué a cumplir el cometido que me parecía que me tocaba cumplir e
intentar estar a la altura de las circunstancias. Sinceramente creo que lo
conseguimos, tanto Yolanda como yo. Ni que decir tiene que el mérito es
básicamente suyo, gracias a su entereza para mí era mucho más fácil mantenerme
siempre en aparente buen humor y con actitud positiva. Cada uno llevaría lo
suyo por dentro, y todo lo que se le pasa a uno por la cabeza se queda para uno
mismo.
Una de mis mayores
preocupaciones era cómo podía afectar la situación a Lucía, una niña de 3 años
pero sensible, inteligente y con un radar muy bien sintonizado. Nos dio una
lección y nos enseñó que si la hacemos partícipe y le explicamos las cosas en
su idioma, ella las entiende, las lleva bien y además nos ayuda. Un cielo.
Aprendí lo útiles que pueden ser los niños para superar situaciones complicadas,
la energía positiva que aportan. En el caso de Lucía, de manera incluso
consciente. En el caso de Paula, de manera inconsciente, pero es que ella lleva
la alegría en la sangre, le sale de forma natural. Tiene el don de irradiar
buen rollo. Creo que será siempre así. Hay quien considera a los niños una
carga. No tienen ni idea de lo que nuestras hijas nos han ayudado a nosotros a
sobrellevar esta otra carga mucho más ingrata.
No me quiero alargar
mucho más. Aquí el protagonismo es de Yolanda, pero no voy a dejar pasar la
oportunidad de acordarme de toda la gente que de alguna manera nos ha ayudado
estos meses, sobre todo los que han apoyado a Yolanda, muchos de ellos
seguidores de este blog que con vuestros comentarios ayudáis mucho más de lo
que seguramente os imagináis.
De los que me han
ayudado a mí, agradezco sobre todo el esfuerzo de mis padres, que a pesar de
que los años no pasan en balde, siguen estando ahí cuando se les necesita.
Gente increíble que no hace más porque no les dejamos. Y a mis jefas, que me
han dado todas las facilidades para hacer lo que realmente tenía que hacer,
estar al lado de Yolanda. No todo el mundo puede decir lo mismo”.
A qué es monísimo?
Como es habitual cada entrada
la he ido acompañando de una canción o video, en este caso le dejé elegir la
canción, que menos, no? por que estando a su lado estoy convencida de que el
viento no podrá moverme a su antojo.
No vamos a negar que un diagnóstico de cáncer marca un
antes y un después en la vida de una persona, del mismo modo que tampoco vamos
a dramatizar con esta afirmación ni vamos a rasgarnos las vestiduras al
pronunciar dicha frase. Los dramas se los reservamos a Benito Zambrano que él
es el especialista en este ámbito, yo soy más de humor inglés.
En definitiva la vida de todos y cada uno de nosotros es
un devenir de antes y después, es decir de experiencias que merecen una mención
especial en nuestras vidas porque el simple hecho de haberlas vivido nos han
aportado valor, nos han hecho reflexionar, nos han hecho madurar, nos han hecho
cambiar la visión que teníamos sobre algo, en definitiva nos han marcado un
antes y un después a la hora de plantearnos como queremos seguir enfocando
nuestra vida.
Estos momentos “antes y después” pueden ser provocados
por la acción de otras personas, otras veces los causamos nosotros mismos por
probar, por inconsciencia, por querer saber que se esconde tras una puerta, por
querer ir un paso por delante, por simple azar y otras veces suceden
simplemente porque unas células malignas de tu cuerpo quieren asumir más
protagonismo y empiezan a crecer de un modo desenfrenado en tu tejido mamario.
Yo he estado reflexionando sobre mis momentos antes y
después y aquí os dejo una pequeña muestra:
Hubo un antes y un después tras la primera vez que me
rompieron el corazón, si hago memoria creo que fue hacia los 15-16 años la
primera vez que saboreé la amargura del desengaño, y aunque en las semanas
posteriores derramé muchas lágrimas ahora a mis 37 años puedo afirmar que yo soy
de esas personas que opina que durante tu adolescencia es totalmente necesario
que te hagan trizas el corazón un par o tres de veces porque es a través de
estas experiencias que empiezas a crearte tus propios mecanismos de defensa para
enfrentarte a las posteriores decepciones que nos iremos encontrando ¡qué la
vida es muy larga y no se acaba cuando nos deja nuestro primer novio, hombre!, que
son estas las experiencias que te fortalecen y las que te ayudan a romper con el
falso mito del príncipe azul que vendrá cabalgando para liberarnos de un largo
letargo provocado tras haber mordido una manzana, o por habernos pinchado con la
aguja de una rueca, o sino el otro que nos rescata de una vida de sufrimiento
al lado de una malvada madrastra y sus hijas. Porque cuando fui consciente que
el final del cuento no es “y fueron felices y comieron perdices”, que yo no
tengo madrastra de la que me tengan que salvar, que nunca me ha gustado coser y
que cuando me despiertan de una apacible siesta me pongo de mala leche es
cuando pude empezar a hacerme una idea de lo que realmente quería de una
relación de pareja y a día de hoy puedo mostrarme muy satisfecha con el
resultado.
Otro momento clave fue cuando fui consciente que ya había
llegado el momento de coger el relevo generacional, es ese momento en que te
das cuenta que esas personas que siempre han estado ahí cuidándote, arropándote,
protegiéndote de todos los monstruos que se acercaban, educándote lo mejor que
han sabido, preservándote de aquello que podía ser perjudicial, que siempre han
mantenido una fortaleza fuera de lo común, empiezan a ser conscientes que sus
fuerzas flaquean y empiezas a notar en sus miradas que es un rol en el que no
están cómodas, que ese es un papel que no están acostumbradas a interpretar y
se enfadan contigo y con ellas mismas, se entristecen, se rebelan porque no están
dispuestas a pasar el testigo pero sabes que no hay marcha atrás que ha llegado
el momento de devolverles todo lo que ellas han hecho por ti y que ya es hora
de que te empiecen a repartir cartas en esta partida.
Para mí fue muy significativo ese momento porque a los
pocos meses de estrenarme como madre, la mía tuvo (podríamos llamarlo) un
periodo de ausencia que la dejó un tiempo sin poder hablar y aunque ya está “totalmente”
recuperada para llevar una vida normal yo sé que hay algo que se quedó en esa
habitación de hospital y que no volvió a casa con ella.
Y aunque fue un momento donde se entremezclaron muchas
emociones también pude sacar algo positivo de esa experiencia porque me ayudó a
asumir un rol al que no estaba acostumbrada y que en esos momentos era
necesario, admitir una responsabilidad y me ayudó a subir un peldaño en la
escalera de la madurez donde he de decir que también me siento cómoda.
También hubo un antes y un después al darme cuenta que ya había encontrado a la persona con la
que quería compartir toda mi vida, ese instante me aportó una tranquilidad que
nunca antes había experimentado, un saber que ya había encontrado mi lugar en
el mundo, y cuando llegó no iba montado a caballo ni disfrazado de príncipe azul
aunque no hizo falta porque en ese tiempo yo ya tenía la suerte de no creer en
cuentos de hadas así que identifiqué rápido que ese chico que vestía chupa
tejana iba a ser para mi.
Otro antes y después indispensable en la lista es el del nacimiento
de mis princesas y la primera vez que les vi sus caritas hinchadas y feúchas pero
a la vez tan monísimas. Y os puedo asegurar que aunque nacieron con 3 añitos de
diferencia la sensación fue exactamente la misma. Esos momentos me aportaron la
certeza que mi proyecto de vida se estaba haciendo realidad y que estaba ¡creando
mi propia familia!
Y para terminar otro momentazo que no me gustaría pasar
por alto fue el que probé las gambas rojas
de Palamós, porque ese sabor exquisito, ese aroma inconfundible y su color rojizo hacen que tras probar esa delicatesen
haya un antes y un después en tu concepto de lo que es comer gambas. Realmente
estoy convencida que este antes y después fue fruto de la inconsciencia.
Os dejo una canción que me ha acompañado esta semana santa y que me encanta