Cuando en C.O.U tuve que elegir qué carrera quería
estudiar tenía clarísimo que buscaba algo relacionada con las personas y
mejorar el mundo, pero igual que la mayoría de mis colegas andaba bastante
perdida. Llegué a trabajo social por accidente y sin saber exactamente en qué
consistía ser trabajadora social, pero entusiasmada por iniciar mi etapa
universitaria.
Durante los dos primeros años de carrera no acababa de saber
exactamente qué es lo que estaba estudiando y como se materializarían todos
esos conocimientos en un puesto de
trabajo, pero el último año cuando hice las prácticas en un centro de servicios
sociales de atención primaria supe que había acertado en mi elección y que a “eso”
me quería dedicar el día de mañana.
En aquellos años tuve la suerte de poder compaginar los estudios
y un trabajo a tiempo parcial, el problema fue cuando terminé de estudiar y
escogí la comodidad del sueldo que cobraba a final de mes ante la posibilidad
de buscar un trabajo relacionado con mis estudios.
Fueron pasando los años y sin saber exactamente como
había llegado hasta ahí, estaba trabajando como directora técnica en una empresa proveedora de servicios
domiciliarios, haciendo más horas que un reloj, con jornadas de trabajo
frenéticas, reuniones de todo tipo con mandos intermedios, con clientes
insatisfechos, proveedores que no cumplían con lo acordado, negociaciones de
convenios, elaboración y presentación de proyectos, seleccionando personal,
revisando la facturación y día a día iba acumulando inconscientemente una gran
insatisfacción en el ámbito laboral.
Para complementar mi curriculum a nivel académico en la
empresa me propusieron realizar un postgrado en Dirección y Administración de
Empresas, yo en esa época todavía andaba deslumbrada por ese mundillo y accedí
de buen grado. No estuvo mal, lo recuerdo con cariño aunque fue un año
realmente agotador, pero sarna con gusto no pica y estaba feliz de volver a
compaginar estudios y trabajo.
En este curso aprendí que es una DAFO, una tensión de
tesorería, un outsourcing, diseñé un plan de marqueting, conocí la gestión de
operaciones, pasé un fin de semana genial en un outdoor training y poco más
pero lo que realmente me aportó este postgrado fueron dos cosas: la primera que
no sabía que coño hacía yo en ese mundo y lo segundo fue conocer a Cristina.
Mi historia con Cristina es una historia sencilla, sin
fuegos artificiales, simplemente coincidimos en un postgrado y nos sentamos una
al lado de la otra y así seguimos, una al lado de la otra. Yo desde el principio me sentí muy cómoda con
ella a mi lado y creo que a ella le pasó lo mismo, simplemente conectamos, así de
simple.
Cristina y yo aparentemente no tenemos nada que ver. Ella
cree en los cuentos de hadas, yo hace tiempo que dejé de creer en princesas. A ella le fascina la marca tous y su mundillo, yo detesto todo lo que representa
el osito ese. Ella se vuelve loca por el
sushi, yo no soporto meterme en la boca nada crudo. A ella le pirra el vino blanco, yo soy una incondicional de las cañitas del aperitivo. A ella le gusta
la música de Alejandro Sanz, Backstreet Boys y Take That, yo prefiero no pronunciarme sobre lo
que opino al respecto.
Pero hay algo en lo que las dos estamos totalmente de acuerdo y es que aunque estemos meses sin vernos, semanas sin hablarnos y mucho tiempo sin saber la una de la otra, sabemos que somos amigas y vamos a serlo durante mucho tiempo, y así sin más tengo placer de dejaros con Cristina, mi Cristina.
Pero hay algo en lo que las dos estamos totalmente de acuerdo y es que aunque estemos meses sin vernos, semanas sin hablarnos y mucho tiempo sin saber la una de la otra, sabemos que somos amigas y vamos a serlo durante mucho tiempo, y así sin más tengo placer de dejaros con Cristina, mi Cristina.
“Qué irónica es la vida... la misma
semana que el maravilloso "clear-blue" me anunció que estaba
embarazada recibí un mail que me dejó... no sé cómo explicar cómo me sentí en
ese momento. Helada no sería la respuesta, porque una persona que está helada
no se pone a llorar mientras toma el desayuno en la cafetería donde lo toma
cada día... Que me pilló en frío la noticia, evidentemente. Todo el mundo
quiere recibir buenas noticias, sea cual sea la forma y el medio a través del
cual lleguen... y no hace falta decir que en aquél momento yo no estaba ni
preparada ni mentalizada para recibir una noticia como esa, un mail cuyo título
era tan explícito como "bad news".
El mail me lo escribió Yolanda... y el
motivo por el cual me escribió un mail y no me llamó para contarme su situación
creo que es bastante evidente... aunque hace muy poco que nos conocemos (desde
el 2007) me conoce lo suficiente como para saber que hablar conmigo por
teléfono sobre ese tema no iba a ser más que un drama, y su premisa número uno
fue "NO QUIERO DRAMAS". A medida que iba avanzando en la
lectura y leía frases como "yo estoy bien", "me siento fuerte y
con muchas ganas de luchar", "todo irá bien" mis lágrimas iban
bajando por mis mejillas y no entendía cómo ella que tenía el cáncer,
posteriormente bautizado como bicho cabroncete, parecía con cada línea del
email que me estaba dando ánimos a mí.
¿Cómo conocí a Yolanda? En 2007 las dos
tuvimos la misma buena idea, apuntarnos a un posgrado de ADE en la IQS (dicho
así suena super pijo) Desde el primer día nos sentamos juntas y a partir de
allí fuimos entablando una bonita amistad... ese año fue un tanto raro para mí,
un año de decisiones difíciles, de problemas en el trabajo, de evidencias que
me negaba a ver, de sentimientos encontrados... Yolanda me ayudó mucho,
sobretodo a final de curso... no únicamente fue un apoyo en lo que se refiere a
los estudios (se le daba mejor que a mi la contabilidad) sino también en lo que
se refiere al ámbito personal... Y es que cuando te das cuenta que no te quedan
ganas de luchar por algo que llevas mucho tiempo intentando mantener vivo,
cuando aparece alguien en tu vida que te da vida lejos de lo que conoces,
cuando ves en otra vida que la tuya no es precisamente la vida que quieres llevar
y la felicidad que te mereces, cuando te das cuenta que la persona que tienes
al lado y que se supone que te quiere simplemente está pero no actúa y
coges el toro por los cuernos y tomas una de las decisiones más difíciles pero
maduras de tu vida... te das cuenta que la actual no es la única lección
que aprendí de Yolanda. Su actitud frente al bicho cabroncete, la
felicidad que transmiten ella y su familia, la fuerza que tiene incluso en
momentos malos...
Y aquí estamos, saboreando la limonada (la
mía con azúcar, yo aún no soy tan fuerte) y haciendo de este 2012 un año lleno
de retos, nuevas experiencias, nuevas amistades, nuevas ilusiones, nuevos
aprendizajes... Yolanda me dijo una vez que "quería mantenerme en su vida
durante mucho tiempo"... por lo general acostumbro a ser una persona
antisocial (pero sin coger la parte heavy de este concepto) y me cuesta hacer
amistades y ya no digamos mantenerlas en el tiempo. Sin embargo estoy super
orgullosa de la amistad que tengo con Yolanda, de todo lo que he aprendido,
de tener las dos "sobrinillas" más guapas del mundo y de que
podamos contar la una con la otra en momentos buenos y en otros que no lo son
tanto, pero que también tienen su encanto.
Como veo que Yolanda siempre acaba sus
entradas en el blog con un videoclip o canción yo también voy a dejar una que,
si bien queda lejos de lo que realmente son mis gustos musicales (Take That,
Backstreet Boys, Alejandro Sanz... cosas de la edad y la diferencia de
generacional) formó parte de la banda sonora de mi nueva vida, con mi
nuevo chico (ahora marido) ... y es que desde 2007 han cambiado muchas cosas, y
más que van a cambiar de aquí en adelante, siempre a mejor... porque de
los errores y de las flaquezas se aprende, y la vida sin ellos no tendría emoción.”
Espero que os haya gustado, a mi me ha emocionado recordar ese momento e-mail y saber como lo vivió ella. Ah!! por cierto, al año siguiente del ADE (como lo llama Cristina) aposté por un cambio de trabajo ante la comodidad de un buen sueldo, otra de las mejores elecciones que he hecho en mi vida.




