viernes, 26 de octubre de 2012

LA MIRADA DE MARUTA


Hace unos días viví una situación un tanto curiosa en la que entendí como hay veces en las que alguien que no te conoce de absolutamente nada puede tener la solución a tus quebraderos de cabeza.

Os cuento,  llevaba unos días con una sensación un tanto extraña, con más bajos que altos, había algo que me incomodaba y que no me permitía seguir avanzando, me sentía rara. Al principio no sabía exactamente que era lo que me pasaba pero, como en este tiempo he aprendido a escucharme, pronto me di cuenta de cuál era el origen de ese malestar.

El motivo de mi preocupación era que no acababa de asimilar mi nueva imagen, llevaba varios días mirándome al espejo y no me reconocía, no me gustaba lo que veía y estaba enfadada, muy enfadada. Mis amigos los sistémicos dirían que estaba mostrando una clara resistencia al cambio.

Ya hace un par de meses que me quité el pañuelo, mi pelo ha empezado a crecer y ahora por fin se puede decir que mi imagen no tiene nada que ver con el cáncer. Hace unos meses cuando todavía estaba calva y no tenía ni cejas ni pestañas, visualizaba el momento del destape y creía que sería un momento mágico, que me sentiría feliz, liberada. Por eso cuando llegó ese momento no entendía por qué narices no estaba dando saltos de alegría. Eso me irritaba. Supongo que las que, como yo, habéis pasado por una  situación parecida sabéis a lo que me refiero, porque realmente es una sensación muy difícil de describir.

Hasta hace unos pocos meses era rubia, con el pelo largo y liso y ahora soy morena con el pelo corto y rizado. Raro, ¿no? En todas las fotos que miro me acompaña mi melena. En los recuerdos que tengo de mi vida está, pero en cambio me miro al espejo y el reflejo me devuelve una imagen con la que no estoy familiarizada, alguien a quien apenas conozco. Os aseguro que es una sensación extraña, es como vivir en una especie de esquizofrenia entre el yo de antes, el yo de durante y el yo de ahora.

Como una se va haciendo mayor y cada vez me conozco mejor, sé que cuando me pasa eso es porque me he quedado congelada, quieta, porque no avanzo y entonces lo que he de hacer es moverme. Para mí, moverme significa activarme, movilizarme, es decir volver a planificar actividades que había tenido que aplazar y recuperar proyectos que quedaron aparcados aguardando el momento adecuado. Esta es la estrategia que yo utilizo para empezar a sentirme mejor. Hasta la fecha me ha funcionado, así que cuando empiezo a notar que mi ánimo tiende a bajar empiezo a ponerme en circulación.

En estos meses que he dispuesto de bastante tiempo libre he tenido la posibilidad de hacer grandes descubrimientos, algunos de ellos los he ido almacenando  para poder sacarlos cuando llegara una ocasión especial. Me encanta mantener ese almacén lleno, no entendería vivir de otro modo.

Y como llevaba días con ganas de sorprender a mi chico, con ganas de agradecerle lo mucho que me ha cuidado durante todo este tiempo, lo cerca que lo he sentido y  lo bien que lo ha hecho cogiéndome y soltándome de la mano en función de la música que nos tocaba bailar, decidí que debía ponerme manos a la obra, me fui a mi almacén y saqué a Maruta

A Maruta la descubrí hace unos meses, un día de esos que me dedico a perderme por internet. Siempre ocurre del mismo modo, empiezo visitando algunos de los blogs que sigo habitualmente y a partir de ahí me dejo llevar. Un blog me lleva a otro y éste al siguiente y así hasta encontrar verdaderos tesoros. De este modo y sin saber cómo entré en el mágico mundo de  Maruta y sus ilustraciones. En cuanto la encontré me enamoré de su obra, tuve que resistirme al impulso de tener alguna de sus láminas de forma inmediata pero preferí hacerle un sitio en el almacén y esperar a que llegara el momento adecuado, así que guardé su enlace en favoritos y esperé. Valió la pena esperar porque fue Maruta la que me descongeló.

Maruta pinta historias y lo hace de una forma muy bella. Me puse en contacto con ella porque quería que nos pintara, que nos hiciera una ilustración de los Díaz Ferrer. Para ello necesitaba fotos de los protagonistas y alguna actividad que nos gustara compartir. La actividad la tenía clara, los Díaz Ferrer tenemos la enorme fortuna de tener un trozo de paraíso. Un paraíso lleno de olivos, albaricoqueros, almendros y cerezos, un paraíso al que intentamos ir cada fin de semana, un paraíso que nos conecta con la naturaleza y donde podemos disfrutar del más profundo de los silencios. Des del principio tenía claro que quería que la ilustración simbolizara ese lugar tan nuestro y que la actividad estuviera relacionada con alguno de nuestros árboles frutales. Escogí el cerezo por su espectacular belleza y por algunos momentos mágicos que nos ha proporcionado a lo largo de estos años.

Así que le encargué a Maruta una ilustración de los Díaz Ferrer cogiendo  cerezas, como metáfora de que por fin había llegado la hora de coger el fruto a todo el trabajo que hemos hecho durante este año.

Le envié a Maruta las fotos acompañadas de una breve descripción de aquellos rasgos que nos identificaban y aquí fue cuando me bloqueé. Describir a mi chico, a mis princesas y a Yosu no me supuso ningún esfuerzo pero cuando llegó la hora de decirle como era yo no sabía por dónde empezar. Le comenté a Maruta que estaba hecha un verdadero lio, yo no quería que me dibujara con el pelo corto porque aunque es como lo llevo ahora no es como me gusta llevarlo, tampoco quería que me hiciera el melenón que tenía antes porque no quería mirar la lámina con nostalgia, y así estaba inmersa en una espiral de dudas que no me permitía avanzar.

Fue ella la que en un e-mail terminó con mis quebraderos de cabeza, me dijo    “ (…) en la ilustración tú llevarás tu pelo largo, porque tú eres tú con tu pelo largo y lo otro es circunstancial, así que dime como vas a llevar el pelo en un año o como quieres llevarlo…” Y así, con esta frase y su definición de corte de pelo circunstancial fue como Maruta consiguió descongelarme.  Fue realmente espectacular, con esta simple frase Maruta me desbloqueó y me dio la posibilidad de seguir andando en mi travesía particular.

Hoy quiero compartir con todos vosotros el mundo de Maruta y su maravillosa mirada:



El resultado es espectacular, plasma a la perfección la esencia de los Díaz Ferrer. Conocer a Maruta ha sido un privilegio y he decidido que me voy a quedar cerquita de ella durante bastante tiempo, porque ya lo dije en alguna entrada anterior, a partir de ahora en mi vida sólo quiero gente que me dé buen rollo y Maruta lo da, os lo aseguro.

miércoles, 17 de octubre de 2012

LAS LAGRIMAS QUE SABES LLORAR


Y un día finalmente llega ese momento en el que se abre la enorme puerta de acero que te separa del mundo exterior y una voz te dice “Ya está Yolanda, ya se ha terminado” y no sabes si es por la calidez de la voz, por el significado de la frase o porque por fin puedes bajar la guardia. Pero ese es el instante en el que te permites el lujo de llorar.

Lloras como no has podido hacerlo antes, lloras hasta vaciarte, hasta quedarte completamente limpia. Lloras porque has recuperado los derechos de imagen de tu pecho, porque vuelves a disponer de tu agenda, porque estás volviendo a tomar las riendas de tu vida y porque empiezas a sentir que estás a punto de llegar a la meta. Lloras porque éstas son las lágrimas que sabes llorar, lágrimas de orgullo por el camino recorrido, lágrimas de felicidad por las etapas que has ido superando, lágrimas de satisfacción por todo lo que has ido dejando atrás, lágrimas que te recuerdan todo lo que ahora ya forma parte de tu pasado.

Hoy dejas atrás veintiseis pinchazos, tres de ellos sobrepasando tu umbral del dolor. Quince analíticas. Una mamografía. Dos ecografías mamarias. Dos biopsias. Un electrocardiograma. Una tumorectomía. Un marcado isotópico ganglionar. Una extirpación del ganglio centinela. Tres TACS. Una resonancia magnética. Doce sesiones de quimioterapia. Treinta y tres sesiones de radioterapia. Una gammagrafía ósea. Cinco radiografías. Dos visitas a urgencias, una de ellas en un estado realmente lamentable y cuarenta partes de baja.

Pero de pronto recuerdas que has de ser prudente, que todavía no se ha terminado, que estás a tan solo un par de semanas, una analítica y algunas pruebas más que confirmarán si todo este calvario ha merecido la pena.

Así que dejas de llorar, vuelves a ponerte en guardia y sales de tu última sesión de radioterapia, vas al box, te quitas la dichosa bata blanca, te vistes con tu ropa y te vas a casa dejando asomar una sonrisilla por debajo de la nariz mientras vas pensando de qué vas a rellenar el bizcocho que has preparado.  Porque, como era de esperar, hoy los Díaz Ferrer merendarán un bizcocho muy especial. 



martes, 9 de octubre de 2012

SIEMPRE HAS ESTADO


Sábado 6 de octubre del 2012, 23:57, Parc Forum de Barcelona concierto de Extremoduro.

De pronto no sabes ni cómo ni por qué pero sientes que confluyen una serie de factores. No sabes si es por la magia de la noche, por la marea de gente que canta y baila a tu alrededor, por sentir la fuerza de Robe Iniesta sobre el escenario, por las luces que brillan a lo lejos, por la vibración de la música en tu cuerpo, por el par de birras que te has bebido, por toda la energía que te llega de no sabes dónde o por la luna que nos observa desde arriba, pero de pronto tomas consciencia y te das cuenta  que estás viva y que podrías no estarlo.

Sientes que estás aquí, que el final está cada vez más cerca, que estás regresando y te sientes completa, feliz.  Te giras y le dices a tu chico  al oído “Estoy volviendo a ser yo, lo noto, gracias por esperarme” y él te contesta “Nunca te fuiste, siempre has estado” y te besa en la frente y vuelves a recordar por qué un día lo dejaste todo para estar a su lado.


viernes, 28 de septiembre de 2012

UNA MIRADA MUY PECULIAR


Hoy os traigo una mirada de alguien que ha ocupado un lugar fundamental en mi año 2012. Alguien que ha hecho que este recorrido haya sido menos complicado. Alguien que me ha allanado el camino en la medida de lo posible. Alguien que me ha acompañado en todos y cada unos de los tramos que he conseguido dejar atrás. Alguien que ha dedicado gran parte de su año a convertir mis días horribles en días menos complicados. Alguien que hace unos meses se empezó a pintar las uñas de los pies. Alguien que me abría las ventanas cuando el ambiente estaba demasiado cargado y me costaba respirar. Alguien que siempre se ha mantenido lo suficientemente cerca para disfrutar de todos y cada uno de mis progresos y lo suficientemente lejos para que yo no me sintiera observada. Alguien que siempre ha tenido a punto su arco y sus flechas bien afiladas por si era necesario utilizarlas. Alguien que vio como el día 4 de enero de este año le diagnosticaban cáncer de mama a su hermana pequeña. Hoy tengo el enorme placer de poder compartir con todos vosotros la mirada de Hermi, mi hermana (la tata, vamos)

Cuando inauguré la sección “aportando miradas”  quería que fuera un espacio donde mi gente se pudiera expresar libremente, ofrecerles la posibilidad de gritar de la manera que considerara más oportuna o del modo que se sintieran más cómodos. Des del principio tenía claro que quería contar con la participación de mi hermana, me apetecía que formara parte de bebiendo limonada. Ansiaba poder compartir con todos vosotros su peculiar manera de mirar. Lo que no podía imaginar es que de nuevo volviera a sorprenderme. Es curioso como a veces justo las personas que creemos que conocemos mejor son las que más nos asombran y mi hermana lo volvió a hacer.

Un día quedamos en vernos en casa de mi madre. Mi hermana me estaba esperando con un enorme paquete envuelto con papel craft, cuando me lo dio me dijo “Ten esto es para ti, es mi año 2012, te lo regalo”  Cuando lo abrí flipé. Esta es la mirada de Hermi, la mirada de mi hermana:




Mi hermana expresó como ha sido su año a través de un collage hecho a partir de grabados monotipos. ¡No me digáis que no es original!  Me encantó la metáfora del collage, porque realmente este año se puede caracterizar por ser un verdadero collage de emociones. Un collage en el que han tenido cabida un montón de sensaciones que se iban ensamblando las unas junto a las otras hasta formar un todo unificado. Un collage de sentimientos, de experiencias, de momentos. Un collage a través del cual mi hermana ha podido transmitir los diversos estados emocionales que ha experimentado este año. Un collage que le ha permitido canalizar toda su rabia, su tristeza, su impotencia, su alegría, su emoción, su ira, su furia. Un collage que transmite fuerza, intensidad, porque no me negaréis que no está siendo un año intenso éste, ¿no?

Que alguien te regale un año de su vida es un gesto realmente hermoso, es uno de esos momentos en los que volví a morderme el labio inferior, uno de esos momentos en los que soy consciente de lo afortunada que soy, porque sinceramente tener cáncer es una putada pero tener una hermana que se encarga de poner color a tus días grises es formidable.

martes, 18 de septiembre de 2012

A ESCASOS METROS DE LA CIMA


Una mañana despiertas con el cuerpo completamente entumecido, abres los ojos y te das cuenta que tu confortable colchón de viscolástica en el que te acunas cada noche ha desaparecido, que tu edredón de plumas con el que te resguardas del frio ya no está y no hay ni rastro del despertador que cada día te anuncia el principio de un nuevo día. Te incorporas medio somnolienta y te das cuenta de que estás durmiendo en el suelo. Un suelo frio y húmedo en un lugar que desconoces. Te incorporas y observas ante ti una  enorme montaña. Una gigantesca montaña se levanta a tus pies.

Estás completamente desorientada, no entiendes absolutamente nada de lo que sucede a tu alrededor. Te sientes confusa y aturdida. De pronto te das cuenta que alguien ha entrado en tu casa, ha cogido “tu vida”, la ha metido en una enorme caja, la ha subido a lo alto de esa montaña y te ha dejado durmiendo a sus pies. No tienes ni idea de cómo, ni porqué, ni quién ha sido  y de pronto tienes miedo, mucho miedo y tienes una enorme necesidad de recuperar esa caja. En esa caja está tu vida, los recuerdos de tu cálida infancia y de tu ajetreada adolescencia, tu día a día y un futuro que poco a poco te vas construyendo y del que cada vez estás más orgullosa. En esa caja estáis tú y tu chico, tus princesas y tu familia. En esa caja están tus apuntes del postgrado que estás estudiando, tus desayunos de los lunes con tus compañeras del trabajo, tus sábados de chismorreos en la peluquería, tus noches sin pastillas para dormir. En esa caja están tus famosas albóndigas con sepia que tanto te gusta cocinar, tus cervecitas improvisadas de los viernes por la tarde, tus mañanas de domingo sin planes, tus ganas de jugar y acariciar al Yosu. En esa caja también están tus sujetadores nuevos de color berenjena (sí, el berenjena es un color), tus mascarillas del pelo efecto alisador, tus fotos del último viaje a Londres, tus tardes de palomitas disfrutando por enésima vez de Un lugar en el mundo. En esa caja están tus desafortunados intentos por ser puntual, el disfraz de pingüina que le hiciste a Lucietis en su primer carnaval,  las noches imaginando como serías dentro de unos años. En esa caja están tus fantasmas, tus inseguridades, tus tardes de verano tomando el sol, tus chistes malos, en definitiva … en esa enorme caja está “tu vida”.

Al principio no das crédito, tu cuerpo se paraliza, tus músculos no reaccionan, el pánico se apodera de ti y eres incapaz de moverte. Estás en estado de shock, buscas culpables, lloras, te desesperas por entender, por comprender, por saber, por encontrarle un sentido a lo que ha sucedido y  poder asimilar tu nuevo estado. Estás congelada en el presente y esa sensación es terrible y amarga.

Cuando tu cuerpo empieza a responder decides que has de ponerte manos a la obra, no te queda otra. Sin tener ni idea de montañismo, ni de senderismo, ni de alpinismo, y aunque nunca te han interesado demasiado los ismos, decides que es hora de dejarse de lamentaciones y empezar a caminar. Te calzas, te vistes y te preparas para empezar a subir esa enorme montaña. Empiezas a correr, a trepar, a saltar por matorrales porque quieres llegar a la cima de la montaña lo antes posible, quieres recuperar esa caja ya mismo, estás impaciente por volver a abrazarla. A los pocos metros estás exhausta, tienes el cuerpo dolorido y lleno de arañazos, las uñas destrozadas, el corazón te sale por la boca y la cabeza te va a estallar. Entonces te detienes para poder coger aire por la nariz y soltarlo por la boca, inspiras, expiras, inspiras, expiras, inspiras, expiras… y poco a poco vas bajando de pulsaciones y tu cuerpo va recuperando su ritmo habitual.

Al rato entiendes que  llegar a la cima de esa montaña no es una cuestión de velocidad sino de resistencia. Entiendes que para conseguir tu objetivo has de dosificar tus fuerzas, que debes hacerte amiga de esa montaña para que te muestre sus caminos y algún posible atajo, que has de detenerte a contemplar las vistas para conocer el tiempo que tendrás durante el recorrido, que has de trazarte rutas que se adapten a tus condiciones físicas, que has de intentar disfrutar de este trayecto y sobretodo que has de dejar de lamentarte de tu suerte. Y así de ese modo empiezas a echar a andar.

Durante el trayecto te encuentras con caminos áridos, estrechos senderos, barrancos demasiado empinados, precipicios realmente escabrosos y algún que otro despeñadero.  Durante el trayecto vives momentos en los que crees que no vas a ser capaz de seguir, tramos verdaderamente duros en los que estás a punto de tirar la toalla, parajes que te acercan al mismísimo infierno, recorridos en los que caes exhausta al suelo pero vuelves a levantarte y sigues caminando porque no concibes la posibilidad de renunciar a esa enorme caja.

Pero un día que te das cuenta que durante el trayecto también te vas encontrando tramos verdaderamente impresionantes, vistas muy hermosas y paisajes que jamás hubieras soñado poder disfrutar. Durante el trayecto te maravillas ante magníficas puestas de sol y disfrutas de los colores de los atardeceres. Descubres nuevos matices y nuevas tonalidades e incluso hay momentos en los que te olvidas de esa caja que ansiabas recuperar y simplemente empiezas a disfrutar de esta travesía.

Y llega un día que intuyes que el final está cerca, que ya quedan muy pocos metros para llegar a la cima, empiezas a vislumbrar tu caja, esa caja que contiene la vida que tenías antes de empezar esta travesía y entonces te detienes y te das cuenta de que tu cuerpo necesita descansar, de que tu cabeza necesita reposar y poder poner orden a todas aquellas cosas que te han ido sucediendo a lo largo de estos meses. Te das cuenta de que en  este tiempo hay cosas en ti que han cambiado, has incorporado nuevas maneras de mirar, has descubierto nuevas perspectivas, te has conocido mejor, admites que ya no eres la misma Yolanda que hace unos meses empezó a subir esa montaña.

Durante esta travesía has aprendido que hay cosas en esa caja con las que estás deseando reencontrarte. Del mismo modo tienes la certeza que hay alguna otra que ya no vas a necesitar jamás. Y justo ahora, a escasos metros de tu ansiado objetivo, necesitas detenerte para poder tomar distancia y descansar. Tu cuerpo está muy cascado y tu cabeza necesita poner orden. Y justo ahora, a escasos metros, te das cuenta que lo único que quieres hacer es cerrar los ojos y dormir.

Para la canción de hoy recupero a mis infatigables Serrat y Sabina uniéndome a ellos y esperando con todas mis fuerzas que se cumpla eso de "Al andar se hace camino y al volver la vista atrás se ve la senda que NUNCA se ha de volver a pisar"






jueves, 30 de agosto de 2012

ESE DÍA NO LLORÉ


Ahora que vuelvo a subir las escaleras de cuatro en cuatro. Ahora que me he vuelto a calzar mis cuñas. Ahora que empiezo a acostumbrarme a mi nuevo corte de pelo a lo garçon. Ahora que me deleito cada mañana poniéndome rímel en mis pestañas. Ahora que puedo cargar con las bolsas de la compra sin tener que descansar cada diez metros. Ahora que el hormigueo de mis dedos ha desaparecido por completo.  Ahora que el teléfono ha dejado de sonar insistentemente. Ahora que he dejado de ser popular y vuelvo a disfrutar de mi tan ansiado anonimato. Ahora que me he dado cuenta que he de pedir hora urgentemente para depilarme. Ahora que el metal ha dejado de ser un sabor. Ahora que los dolores musculares son fruto de mis pinitos como runner. Ahora que empiezo a intuir mi gesto y mi sonrisa. Ahora que mi parte masculina ha abandonado mi cuerpo y vuelvo a ser capaz de hacer más de dos cosas a la vez. Ahora que me encuentro cada mañana con mi mirada reflejada en el espejo. Ahora que vuelvo a poder ir descalza sin miedo a que me bajen las defensas. Ahora que todo el mundo ha dejado de decirme que tengo que comer. Ahora que el cáncer no es el culpable de todo. Ahora que vuelvo a disfrutar del sonido de apretar a fondo el acelerador. Ahora que cambio a quinta sin miedo a quedarme tirada en la cuneta. Ahora que parece que en la próxima curva visualizaré la línea de meta. Ahora que me dejo la garganta gritando junto a Robe Iniesta  su “Jesucristo García” mientras me acompaña a mi sesión diaria de radioterapia. Ahora que el mes de enero queda tan lejos, justo ahora es cuando soy capaz de intentar poner palabras a lo que sucedió ese día.

El 4 de enero del 2012 tenía que haber sido un día más, un día que nos acercaba a la esperadísima cabalgata de sus majestades los reyes magos, un día que mi chico se había ido a trabajar después de haber disfrutado de unas estupendas vacaciones familiares en nuestro pequeño paraíso, un día para saborear junto a mis princesas en plena vorágine  navideña, un día que habíamos planeado ir a merendar chocolate deshecho con melindros, un día que me acercaba a mi pronta incorporación laboral después de disfrutar de unos meses de permiso maternal, un día que tenía que ir a recoger unas pruebas al hospital a las que no le dimos la suficiente importancia ya que decidí enfrentarme a ese momento junto a mis princesas.

El  4 de enero del 2012 entré, con Lucietis cogida de mi mano y con Pauletis en su carro, en la consulta de mi ginecólogo. Nos saludamos con un apretón de manos y deseándonos un feliz año. Me senté, Lucietis se sentó a mi lado, Pauletis se quejaba que quería salir del carro la cogí en brazos y la senté en mis rodillas. El médico consultó los resultados de las pruebas que me habían hecho unos días antes y me miró sin poder articular palabra. Justo en ese momento supe que algo no estaba bien. Justo en ese momento entendí el significado de la expresión “tierra trágame”.

La mañana del 4 de enero del 2012 no lloré, no grité mi rabia, no insulté al mundo, tan sólo me levanté de la silla, cogí a Lucietis de la mano, senté a Pauletis en su carro y acordamos que volvería a primera hora del día siguiente acompañada de mi chico. Ese día no lloré. No delante de ellas.

El 4 de enero del 2012 desperté teniendo un chico que me cogía fuerte de la mano, unas princesas que me pintaban los días de colores, una familia que me adoraba, un trabajo que me estaba esperando con los brazos abiertos, unos amigos con los que compartía largas y amenas sobremesas. Desperté teniendo una vida que me hacía feliz y me fui a dormir teniendo cáncer de mama.

El día 4 de enero del 2012 fuimos a merendar chocolate deshecho con melindros, mi chico me cogía fuerte de la mano, mis princesas reían felices y justo en ese momento me sentí tremendamente afortunada de tenerlos cerca.

Y hoy cierro con “Jesucristo García” gritando a pleno pulmón “concreté la fecha de mi muerte con Satán. Le engañé y ahora no hay quien me pare, ya los pies”. Os dejo con la banda sonora de mis días de radioterapia.


martes, 14 de agosto de 2012

LOS START OVER


A veces tengo la sensación de que esto no me está ocurriendo, que esto no está pasando. A veces parece que yo no formo parte de esta obra como si lo que está sucediendo a mi alrededor no fuera conmigo. A veces sueño que me están gastando una broma (un pelín pesada, eso sí) y que en algún momento se abrirán las luces y una voz gritará “¡¡corten, esta es la buena!!” y la sala se llenará de luz y de aplausos mientras el público vocifera ¡inocente, inocente!.  A veces imagino que estoy soñando y que en cualquier momento sonará el despertador y volverá a ser 3 de enero, volverá a ser mi 37 cumpleaños y yo no tendré que ir a recoger ninguna prueba al hospital porque jamás noté ningún bulto en mi teta. A veces tengo la impresión que este capítulo de mi vida se me está haciendo demasiado largo. A veces quiero ir más rápido que el tiempo. A veces echo de menos mi yo anterior, un yo que en ningún momento se planteó vivir este revés. Un yo que se bebía la vida a grandes sorbos. Un yo que no concebía la posibilidad que las cosas fueran a cambiar. Un yo inconsciente que pensaba que tenía el control de su vida. Un yo que empezaba a gustarse cada vez más. Un yo que era bastante feliz con su vida.

A veces me entristece pensar que ese yo ya no existe. A veces tengo curiosidad por saber cuál será mi nuevo yo. A veces tengo miedo de que no me guste mi nuevo yo. A veces tengo ganas de volver a la vida que tenía antes de saber que tenía cáncer. A veces tengo miedo de no recuperar esas parcelas de mi yo anterior que tanto me gustaban. A veces me entristece sentirme tan pequeña. A veces pienso que la vida me ha hecho una gran putada. A veces creo que la vida me ha brindado una gran oportunidad. A veces opino que tener cáncer es fruto de la casualidad, una cuestión de probabilidades, soy esa una de cada nueve mujeres que tienen cáncer de mama. A veces tengo la sensación que mi cáncer es la causa que necesitaba para dar un nuevo rumbo a mi vida.

A veces me fascina la posibilidad de volver a empezar, el start over que dicen los ingleses. Volver a empezar es la oportunidad de diseñarme de nuevo. Diseñar un nuevo yo, una versión mejorada de mí misma.  Hay algo en los start over que me atrae enormemente, los encuentro muy seductores. Desde mi punto de vista start over es una ocasión para hacer una buena selección de las personas que quiero mantener en mi vida, una oportunidad para elegir qué cosas quiero conservar, un momento para detenerme a reflexionar cómo quiero seguir viviendo, un punto de inflexión para poder hacer balance y tomar consciencia de qué me sobra y qué me falta para ser más feliz, para potenciar aquello que me hace bien y eliminar por completo lo que me hace mal.

Hasta la fecha en mi vida he tenido un par de start over y a día de hoy no cambiaría ninguno de ellos, ¿por qué iba a cambiar éste?

Y vuelvo a confiar en mis burnings del alma porque a veces me sigo preguntando que hace una chica como yo en un lugar como este